El analfabetismo científico de nuestro país

Por Leandro Rodríguez


El domingo 10 julio se presentó, en un programa televisivo, un señor de origen Brasileño señalando que él y su equipo habían predicho varios terremotos por todo el mundo. Este personaje es un comunicador social especialista en marketing; en sismos o sismología es un perfecto iletrado, pero con un atrevimiento tal que llega a pararse frente a las cámaras de un canal de televisión y hablar sobre el tema, diciendo las cosas más descabelladas que uno podría imaginarse; siendo validado por el periodista que generó esta entrevista. Lo que más me llamó la atención fue la presencia del presidente de la Región Callao el cual incluso organizó un evento donde se iba a presentar para exponer su “teoría”. Quiero llamar la atención sobre este hecho para indicar que es una muestra del analfabetismo científico que existe en nuestro país y de la forma como puede ser utilizado para lucrar. Es increíble como alguien que no conoce nada sobre un tema se aprovecha de la situación cultural de un país reflejado de la manera más clara en su periodismo, para generar toda una corriente de pensamiento que raya en la estupidez.

Carl Sagan, popularizó la expresión analfabetismo científico en referencia a la incapacidad de comprender los mecanismos más sencillos de la ciencia, tanto los conceptos científicos como sus objetivos y los procedimientos. Otro norteamericano, el matemático John Allen, ha popularizado la expresión analfabetismo numérico en relación a la insuficiencia de conocimientos matemáticos básicos en su libro “El Hombre Numérico”. Las personas afectadas por algunos de estos dos tipos de analfabetismo pueden tener una vasta cultura en otros campos y ni tan siquiera darse cuenta de las limitaciones que les puede crear su desconocimiento científico, o específicamente matemático, ni de los errores en que pueden caer.

La paradoja del siglo XXI es que nos hallamos inmersos en una época de cambios continuos y también de contradicciones. Pese al progreso logrado, en esta sociedad autodenominada tecnológica y de la información, persisten actitudes irracionales (pseudociencia), y la incultura científica, al contrario del analfabetismo normal, todavía no ha sido desterrada. El progreso científico y tecnológico es tan vertiginoso que, a veces incluso para el propio especialista, no queda tiempo para su correcta asimilación. El adaptarse o acomodare al cambio es, como señala Carl Sagan clave para la supervivencia de nuestra civilización. Mientras vivimos en un mundo cada vez más tecnificado, cada vez más dominado por los avances científicos y sus correspondientes aplicaciones tecnológicas, la población en general, y la denominada “culta” en particular, adolece de una sorprendente ignorancia en cuanto a conocimientos científicos se refiere.

A principios de 1999 se aplicó una encuesta en EEUU en la que se indagó, tanto acerca de los conocimientos científicos y la confianza de la gente en la ciencia, cómo de sus creencias peudocientificas, religiosas y ocultistas. Se entrevistaron a 664 personas entre 16 y 65 años de edad en lugares públicos. Según las respuestas: el 77% de la gente cree en la astrología, un 24.5% cree en la existencia de vampiros, un 38 % en la existencia de brujas y un 57% en la existencia de los milagros.

Las preguntas que surgen son: ¿que hacer para canalizar el interés por la ciencia?, ¿cómo reducir el desconocimiento científico que nos invade cada vez más?. En los medios de comunicación se leen las siguientes noticias: “Se envía sonda a Marte equipada con tres espectrómetros para analizar su superficie”, “Científicos descifran el 99% del código genético humano”; “Es descubierto el quásar más distante de la tierra”. La pregunta es: ¿Cualquier persona comprende lo que se dice en ellas?. No todas las personas poseen el grado de alfabetismo científico que exige el comprender esos enunciados, ya sea debido a una indiferencia total hacia los temas científicos o a la falta de una cultura científica básica que le permita comprenderlos.

Es importante ser un letrado científico porque lo exige la cultura en la cual se mueve este nuevo mundo. Mucho se critica a los políticos por las decisiones en relación a la ciencia que en la mayoría de los casos ni existen. Nuestros futuros dirigentes deben poseer, por exigencia un conocimiento básico de los fenómenos científicos que rigen la naturaleza. Esto lo tenían de manera empírica los antiguos peruanos.

El simple hecho de comprender, de manera científica, los fenómenos naturales que vivimos diariamente es de suma necesidad. Es preocupante el avance de un gran número de pseudociencias como el caso que he mostrado al inicio del presente artículo, que pretenden, sin el menor rigor científico, tener respuesta a todo. Al parecer como lo menciona Sagan nos estamos acercando hacia una nueva edad oscura, hacia un tiempo en el que, conviviendo con computadoras y satélites artificiales, la superstición y la leyenda ganan terreno hasta en las aulas, en los medios de comunicación y en los gobiernos como se pudo observar en el programa periodístico del último domingo; todo ello en detrimento del pensamiento escéptico, del juicio crítico, el mismo que nos permitió abandonar la edad de piedra y llegar a la civilización.

La mayoría de los periódicos dedican generalmente una sección a la astrología y los horóscopos pero ¿Cuántos dedican una sección similar para la ciencia?. Existe un alta tasa de analfabetismo científico, desgraciadamente en aumento, que se muestra en actitudes irracionales al ser incapaces culturalmente de comprender el mundo con un pensamiento coherente con nuestros conocimientos. Sumemos a esto la influencia de las religiones que, con su postura dogmática, no ayudan precisamente a la aceptación de la ciencia entre los ciudadanos.

La ciencia es el mejor instrumento de conocimiento que existe. Se basa en el uso de la razón y la inteligencia. Su manera de pensar es al mismo tiempo imaginativa y disciplinada. Nos enseña a interrogar la naturaleza, a la sociedad y al pensamiento mismo. Devela el funcionamiento de todo lo que existe. Descubre los orígenes de nuestro planeta, de la vida en todas sus manifestaciones, incluyendo la humana, ningún campo le es vedado. La ciencia evita ser engañados por adivinos, clarividentes, brujos o brujas, que tratan de ganar dinero de forma deshonesta aprovechándose de la angustia y la inseguridad que provoca en las personas los problemas de salud, financieros y los afectivos.

La disminución del analfabetismo científico debe contribuir a que el conocimiento científico y tecnológico constituya una componente central de la cultura, de la conciencia social y la inteligencia colectiva, y a la efectiva integración cultural, étnica, lingüística, social y económica.

Finalmente el Perú debe establecer como un objetivo en que todos los estudiantes alcancen el alfabetismo científico. Así mismo la sociedad en su conjunto financia la investigación pública y eso le da derecho a demandar conocer que es lo que se hace en las universidades y en los centros de investigación. Es un compromiso ético de los investigadores informar a la sociedad que es y que no es ciencia. Espero que en los próximos días se manifiesten en relación a los farsantes que se presentaron en el programa periodístico del último domingo.

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