El caos: conociendo la realidad de un desorden perfecto

Por Leandro Rodríguez


Siempre que utilizamos la palabra caos, indicamos un desorden debido a situaciones que no funcionan bien en un mundo, en donde lo establecido y lo "correcto" precisamente es el orden. Y si consideramos que el paradigma bajo el cual hemos crecido es el 'orden', entonces es realmente "caótico" pensar, que el orden es un desorden armonioso. Algo necesario para la continuidad universal y que a pesar de nuestra concepción, el mundo se comporta así realmente.

Durante mucho tiempo, la noción de que en el universo existía un orden total y continuo fue algo establecido; las teorías de Newton y sus predecesores veían al mundo en partes relacionadas, separadas de la realidad que respondían a una causa-efecto. De hecho nuestra cultura sigue estando impregnada de este mecanicismo, pues intentamos y nos obsesionamos por predecir cualquier fenómeno. Esto es lo que hemos aprendido con el tradicional método científico, y aquí es donde surge el nuevo paradigma al ver la realidad como un todo en donde cualquier factor, por pequeño que parezca, puede afectar el comportamiento y la evolución de la naturaleza.

En ese sentido, se dice que un determinado sistema -desde el punto de vista del caos-, es un sistema caótico, flexible y no lineal, en donde el azar y lo no predecible juegan un papel fundamental. El azar sin embargo, fue definido por algunos científicos como nuestra ignorancia sobre el funcionamiento de un sistema que -en algunos casos- es medible; de manera que el azar, es una variable inadecuada para estimar el comportamiento de un sistema en el tiempo. Un ejemplo de sistema caótico podría ser un río, en donde cada partícula de agua sigue una trayectoria aleatoria e impredecible que no rompe con la dinámica establecida en el mismo río.

Podríamos decir entonces, que la Teoría del Caos es todo lo anterior y mucho más. Es encontrar el orden en el desorden y constituye el principal afán de quienes, en los diversos campos de la Ciencia, adoptan esta nueva perspectiva. Se han realizado aplicaciones interesantes en diferentes campos del conocimiento, como en el ámbito de los negocios. Se ha hablado incluso del "caos ordenado" y contrariamente a lo que se piensa, este desorden no implica confusión.

Los sistemas caóticos se caracterizan por su adaptación al cambio y en consecuencia, por su estabilidad. Así, si lanzamos una piedra en el río, su cauce no se verá afectado. Por el contrario, no sucede lo mismo si el río fuera un sistema ordenado en el que cada partícula tuviese una trayectoria fija; el orden se derrumbaría.

En muchos campos del conocimiento observamos el comportamiento caótico de la naturaleza. Por ejemplo, si se genera un gráfico del movimiento que tiene el corazón al latir, se observará una figura muy desordenada si el corazón está sano. Si es a la inversa -el corazón está enfermo-, se podrá ver una figura armónica y ordenada. Esto implica, que el corazón sano está preparado para responder a perturbaciones externas, mientras que el enfermo no podrá hacerlo. El cuerpo humano por ello, es un sistema caótico. De igual modo, es imposible predecir el recorrido que una partícula cualquiera tendrá dentro de nuestro cuerpo. También es cierto, que la medicina todavía no puede hacer una predicción acerca de la evolución del cuerpo de un individuo. Sin embargo el cuerpo humano, a pesar de las diferentes condiciones externas a que puede estar sometido (clima, alimento, esfuerzo físico, etc), siempre mantiene una forma general. Es resistente a cambios porque los sistemas caóticos son muy flexibles. Una enfermedad es algo impredecible, pero si el cuerpo no tuviera la libertad de ponerse enfermo con cualquier cambio producido, el sistema se desmoronaría.

Las acciones vividas cada día dentro de nuestras actividades rutinarias, también son caóticas. Por ejemplo, a veces llegamos a cruces de avenidas donde no hay semáforos ni policías. El paso de los autos entonces, obedece al criterio y oportunidad de los transeúntes, vayan éstos a pie o en automóvil. Curiosamente, cuando el nivel de tráfico no es muy denso, estos sistemas son dinámicos y no se producen aglomeramientos. Contradictoriamente en la practica observamos, que al colocar un policía para ordenar el trafico -sin un estudio previo del mismo y simplemente por impulsos de pensar que ello mejorará el flujo-, éste genera un comportamiento totalmente inadecuado.

Si observamos entonces el funcionamiento de las instituciones y de las empresas, debemos entender que ellas constituyen un fenómeno impreciso, indeterminado, incierto, flexible y diverso; en esencia: de alta complejidad y conflictivo. En otras palabras, la complejidad de la organización de las empresas no está dada por sus elementos, sino por la infinidad de sus relaciones; sean éstas entre los miembros o entre éstos y actores externos.

Curiosamente, todo lo que se enseña y muchas tendencias de manejo de las empresas e instituciones, parten de esquemas no caóticos y que a la postre no generan soluciones. Ello en razón de creer que el control total y la planificación al milímetro, serán las que generen gran productividad y crecimiento. Sin embargo, la experiencia ha demostrado lo contrario.

Para decirlo claramente, las instituciones y los sistemas moderadamente desordenados, frecuentemente resultan ser más eficientes, más fuertes y más creativos; en general, más efectivos que los altamente organizados. Alguna vez se dijo que debíamos olvidar lo aprendido, esto es, desde que tuvimos nuestro primer trabajo o nuestro primer jefe, porque el mundo no se comporta de esa manera.

Sin embargo, se ha demostrado que muchos de los ejemplos de estrategia, liderazgo y organización desordenados son realmente útiles. Dentro de estas empresas podemos mencionar a la empresa Scientific Generics; una firma que no tiene una línea principal y real de negocios. Sus 300 empleados se dedican ha descubrir y aprovechar los espacios no atendidos de cualquier mercado. El resultado ha sido 17 años de nuevos juguetes, aparatos médicos, pantallas y otros inventos valiosos e importantísimos.

Obviamente, las instituciones cambiantes y adaptables en el tiempo, capaces de asumir sugerencias, flexibles en la dirección que pueden tomar sus objetivos -de acuerdo a las proyecciones que se podrían generar-, son las que lideran nuestro mundo actualmente. Muchas veces nos preguntamos porqué el Estado es tan ineficiente, especialmente en nuestro país. Precisamente una organización rígida, basada en reglamentos y directivas, sólo funciona para mantener un sistema de por sí decadente, en contra de la verdadera dinámica de la naturaleza.

Comprender el caos implica entender la aseveración de un nuevo concepto, el cual afirma que el desorden, la desorganización y lo inesperado, son aspectos de la realidad que la investigación científica tiene que abordar y desentrañar.

El caos está presente en el universo, la naturaleza y la sociedad. Ha generado el pensamiento que cuestiona las concepciones deterministas, introduciendo la idea de caos. En el terreno de la biología y la medicina, la teoría del caos empieza a dar respuesta a problemas relacionados con la circulación sanguínea; introduciendo la idea de turbulencia como elemento que rompe la regularidad circulatoria y cardíaca. En el tratamiento de la epilepsia, las propuestas derivadas de esta concepción, apuntan hacia el desarrollo de tratamientos mediante la idea de la provocación del caos en determinadas zonas del cerebro, generando turbulencias eléctricas en la actividad cerebral que pueden bloquear o impedir los ataques epilépticos.

Otro campo de interés para aplicar la teoría del caos, es el referente a los fenómenos y procesos sociales. Así, el estudio del comportamiento errático, impredecible y caótico de la Bolsa, de los flujos financieros y de los periodos de transición política -por ejemplo-, adquieren nuevas dimensiones para el análisis y la investigación económica, social y política.

En medio de la crítica y el derrumbe de los grandes paradigmas, surge la perspectiva del caos como una alternativa ordenadora que promete generar una realimentación de la imaginación sociológica y política.