Ciencia Inútil

Por Leandro Rodriguez


Mucho se habla de la importancia de la ciencia en el desarrollo de los países; como lo demuestran los ejemplos más palpables de los que ahora son desarrollados y del primer mundo. Los científicos peruanos que trabajan en universidades e instituciones científicas, permanentemente se quejan de falta de recursos. No dejan de tener razón, ciertamente. Sin embargo, estos mismos científicos, nunca se han puesto a pensar sí lo que aprendieron o actualmente están realizando -gracias a sus estudios de postgrado en países del primer mundo-, es realmente útil para el país. Cuando hemos sido entrenados para satisfacer las necesidades de otras realidades, y no tenemos la suficiente capacidad para adaptar ese entrenamiento a la resolución de los problemas del país; entonces lo que ocurre es que hacemos ciencia inútil. Es decir, una ciencia totalmente aislada de la realidad. Obviamente ante este hecho, no podemos pensar que políticos o empresas privadas puedan financiar nuestra labor.

Yo nací en Huaraz (Ancash) y tuve la triste experiencia de vivir el terremoto del 31 de mayo de 1970. Mi ciudad, después del sismo, parecía territorio bombardeado; toda la parte central de la ciudad fue destruída totalmente. De acuerdo a los informes, se estimó que sólo en Huaraz habían muerto más de 10,000 personas, dentro de las cuales estuvieron 3 familiares míos muy cercanos. En Yungay me tocó perder más de 40 familiares, entre abuelos, tíos, primos y sobrinos. En ese entonces, algunos de mis primos perdieron a toda su familia íntegramente. Esto redujo dramáticamente mi familia y nos obligó a migrar a la capital.

Este sismo nos encontró en pañales en cuando a organización de respuesta, y dió lugar a la creación del Instituto Nacional de Defensa Civil. En el aspecto científico, sirvió para que investigadores de todo el mundo utilizaran los datos registrados y emitieran publicaciones, donde se mostraba el conocimiento que en teoría, serviría para prevenir o -por lo menos-, ayudar a prevenir la futura ocurrencia de terremotos.

A los cuatro años, nuevamente Lima fue sacudida por otro gran sismo. Lamentablemente, se continuó con el mismo sistema, la misma mecánica: instalación de equipos y publicaciones informando sobre los efectos y mecanismo del sismo.

Después de esta experiencia, un científico americano se atrevió a predecir un posible terremoto en Lima para el año 1981. Obviamente no era un orate o algo parecido, pero generó toda una teoría sustentada en pruebas de laboratorio que simplemente no funcionó. Sin embargo, fue muy interesante lo que ocurrió cuando se dió esta predicción. Este científico americano demostró radicalmente, que vivíamos sin tener la menor idea del entorno que nos rodeaba y de nuestra realidad. Podríamos decir, que era vivir pensando que la muerte no existía, y lógicamente, cuando alguien se nos presenta y nos dice que algún día vamos a morir, el caos interior sobreviene y no podemos entenderlo, a pesar de ser una verdad irrefutable.

Esa experiencia (desde mi punto de vista), debió generar una reflexión en los responsables de las instituciones que tenían relación con la Sismología y los desastres naturales. Quizás, debió servir para empezar a crear conciencia en la población respecto a la realidad del entorno donde vivían, con el fin de que esa población aprendiera a convivir con los fenómenos naturales. También debió reorientar las funciones de las instituciones científicas, dando prioridad a la prevención.

Por el contrario, este hecho sirvió para generar en el entorno científico, éticas de conducta y otros, desatendiendo nuevamente a la población y dejando el camino libre a la influencia de adivinos, periodistas y la iglesia, que -obviamente-, no sabían absolutamente nada sobre sismos, logrando negativamente una imagen errada de la realidad a la población.

Estudié Física y me especialicé en Sismología, trabajando por mas de 15 años en el IGP- Instituto Geofísico del Perú. En esa época, la formación recibida era justamente para hacer una ciencia divorciada de la realidad, intentando seguir pautas de realidades foráneas, donde muchos de los directivos del IGP, habían logrado sus estudios de doctorado. Entonces -desde esa óptica-, realizar proyectos e informes no importando si el trabajo cumplía un objetivo determinado, y sin considerar las condiciones de borde de un país como el Perú, era la constante. Hacíamos en la mayoría de las ocasiones, una ciencia por la ciencia o una ciencia inútil, sin importarnos la realidad en la cual vivíamos. Era como si no tuviéramos problemas, y entonces a lo único que debíamos dedicarnos era al conocimiento puro.

Claramente, en esa época este quehacer funcionaba porque la política coincidía con proyectos que se habían logrado con países como Francia y EEUU; de tal manera que nos volvíamos meros "auxiliares" de estos investigadores, brindando todos nuestros recursos para satisfacer necesidades ajenas, que después las tomábamos como nuestras, al seguir el mismo camino. Esta actitud con distintos matices se mantiene hasta la fecha.

En la actualidad, las naciones líderes de este siglo, serán los países donde los grandes problemas nacionales y globales sean apreciados y entendidos por la mayoría de su población. Los héroes de esas naciones, serán los científicos con gran visión y habilidad para seleccionar y explicar los problemas de primera importancia, para lograr soporte del estado y de empresas privadas para resolverlos.

Grigory Barenblatt - científico de origen ruso del Laboratorio Lawrence, en Berkeley, USA-, al hablar de la 'ciencia del tercer mundo' afirma: "En el tercer mundo existen científicos con gran visión y capacidad de organización, está en sus manos rebelarse y dar los pasos de importancia histórica". Para ilustrar cómo se tiene que actuar desde un nivel politico, toma como ejemplo a Leo Szillard, un científico americano de origen húngaro, quien preparó el texto de la carta al presidente F.D.Roosevelt para que Estados Unidos trabajara en el proyecto de la Bomba Atómica. Este documento fue firmado por Albert Einstein. Curiosamente, Rossevelt en primera instancia declinó firmar esa carta, algo difícil de creer ahora. Cuenta Barenblatt, que Szillard encontró un amigo personal de Roosevelt para explicarle el problema y pedirle que interfiriera en el asunto. Este amigo visitó a Rossevelt después de esta conversación, y le hizo la siguiente pregunta: "¿Piensas, que si Napoleón en 1812 no hubiera despreciado las propuestas de Fulton -el inventor del vapor-, el mapa del mundo sería igual en estos días?" Después de esto, Rossevelt dió la orden para iniciar el proyecto. En realidad, la actitud de Szillard cambio el mundo, al margen de otros personajes involucrados.

Este hecho contrasta con lo que ocurre en nuestros países, en donde es común que los científicos opinen que no existen problemas de ese nivel, cuya importancia para pobladores y gobiernos no es entendible; y donde los científicos líderes, con gran visión y habilidad para unificar a la gente alrededor de esta realidad, no hacen nada o no existen.

El problema de los terremotos en nuestro país es de gran magnitud y debe entenderse de esta manera por todos los involucrados. Cada vez que ocurre un terremoto, se generan grandes pérdidas humanas y económicas. Existe una gran comunidad de instituciones sismológicas en nuestro país y países vecinos, que tienen personal con altos grados académicos. Los objetivos del trabajo de estas personas con alta calificación, debería entonces, ser dirigido a la predicción y prevencion de los fenómenos naturales. No importando si el primer objetivo se cumple en 1, 10 o más años, se debe trabajar en él y como segundo objetivo, es necesario convertirse en guía y líder, para que las instituciones directamente involucradas con la prevencion, sostengan toda la información técnica que se requiera.

Entonces, la pregunta sería ¿son estos especialistas capaces de trabajar para ello? La pregunta es crucial porque en la fecha, existen innumerables artículos escritos después que ha ocurrido un terremoto, y donde se prueba de una manera persuasiva los datos del sismo que ha ocurrido, de cómo su mecanismo obedece a la mecánica que se viene observando, etc, etc. Pero ¿dónde estuvieron los autores antes del evento?. Pienso que se necesitan nuevos líderes. Un científico de perfil amplio, con gran visión y capacidad para organizar y unir a instituciones y personal que trabaje en este tema.

Está demostrado que un terremoto es un fenómeno determinado por múltiples factores. Entonces, la idea es identificar estos factores, y organizar a las instituciones involucradas, para trabajar en esa dirección. Esto es muy importante. La meta de este trabajo debe ser una real predicción, logrando una poblacion conciente y preparada, que responda ante el fenómeno con inteligencia, sin generar ninguna pérdida de vida y minimizando las económicas. La tarea no será rápida, pero tampoco podrá durar siglos; tal vez serán décadas, pero no siglos.

También creo que uno de los problemas de algunos científicos de nuestro continente -paradójicamente-, es el hecho que no se sabe qué es en realidad la ciencia. Se practica, pero no se tiene una idea cabal de ello. Desde mi perspectiva, la ciencia es ante todo, una manera de interpretar la realidad de la sociedad en la cual se vive. No podemos esperar, que ésta entienda cómo resolver los grandes problemas que la aquejan si no saben de qué se habla y ni los gobernantes conocen de ello. Más aún, los científicos -muchas veces-, no somos capaces de transformar nuestro propio entorno. Creo firmemente, entonces, que es hora de iniciar el tránsito hacia nuevos caminos.