La importancia de la ciencia y la tecnología en el Perú

Por Leandro Rodriguez


La importancia de la ciencia y la tecnología aumenta en la medida en que el mundo se adentra en lo que se ha dado en llamar "la sociedad del conocimiento", es decir, sociedades en las cuales la importancia del conocimiento crece constantemente por su incorporación a los procesos productivos y de servicios; por su importancia en la participación popular en los procesos de gobierno y también para la buena conducción de la vida personal y familiar. Por eso la reflexión sobre la ciencia y propuestas sobre la misma, en un país como el Perú es un tema controversial sobre el cual el pensamiento moderno, sobre todo el de la segunda mitad del siglo pasado, ha dedicado especial atención. Es importante ser conscientes que no sólo necesitamos saber de ciencia sino sobre la ciencia.

La relación ciencia - sociedad ha experimentado cambios bruscos en el siglo pasado. La idea inicial era que había que invertir fuertemente en investigación básica, lo que a la larga generaría innovación tecnológica y ésta favorecería a su vez el desarrollo social. Hoy en día es escasa la práctica científica alejada de intereses de aplicación con fines económicos o de otro tipo; lo cual tiene implicaciones en la actividad científica, en la vida de los científicos, las instituciones que los acogen y sus relaciones con la sociedad. Las empresas están presentes en el mundo de la ciencia. Se ha dicho que el poder acumulado es tanto que la pregunta: ¿qué se puede hacer? ha sido desplazada por ¿qué se debe hacer?.

Dentro de este panorama no existe una posición del Perú en ciencia y tecnología lo cual expresa una ignorancia de los políticos y también de los científicos en saber de ciencia. Para apostar por el desarrollo científico y tecnológico como vehículo del desarrollo social, es imprescindible que exista inherente a ello la ambición por satisfacer las necesidades humanas básicas (en salud, alimentación, etc.) y la necesidad de articular de modo beneficioso la economía.

La mayor parte de los países del Tercer Mundo han renunciado al protagonismo en el campo científico. El problema de la relación ciencia-tecnología-desarrollo es un tema fundamental. Dentro de este escenario la responsabilidad social de los científicos es esencial. Las instituciones y personas que aceptan o promueven la ciencia, pueden y deben preguntarse en referencia a qué valores sociales, a qué prioridades e intereses desarrollarán su actividad.

Es importante entender que la ciencia y la tecnología no garantizan el progreso social. Debemos evitar la ingenuidad de pensar que sólo la ciencia y tecnología haciéndola de cualquier manera resolverá los problemas; no podemos suponerlas esencialmente verdaderas y benefactoras en sí mismas al margen de las actuaciones de los hombres y sus conductas políticas y morales.

El planteamiento de la creación de un Ministerio de Ciencia y Tecnología es algo similar al hecho de pensar que creando un ministerio de salud será suficiente para curar las enfermedades que nos afectan; sin embargo, todos sabemos que a pesar que hace décadas existe un ministerio de salud las enfermedades siguen afectando a la población y la salud como siempre está en crisis, con permanentes conflictos de orden laboral, atenciones precarias en los estamentos del estado, etc.

En base a lo expuesto, es importante empezar a preguntarnos si la organización, e incluso la existencia de instituciones científicas y administrativas (de la ciencia), así tal cual como están estructuradas, son necesarias en un país como el Perú. Tal vez debamos empezar por hacer una reingeniería de las mismas y evaluar si su labor representa un elemento importante para el desarrollo. Es posible que después de este análisis encontremos instituciones productivas que con los recursos que manejan son eficientes en relación a satisfacer los intereses del ser humano del país y que solo necesiten un impulso ya sea económico u organizativo para mejorar. Es posible también que encontremos otras ineficaces cuya labor no representa más que gastos para el estado y que deberían ser reestructuradas, o eliminadas. Después de todo este análisis empezaremos a tener indicadores que nos permitirán ver cuál será la mejor organización administrativa que debamos optar para normar el funcionamiento de esa infraestructura científica y tecnológica apuntando concretamente a lo que se ha planteado en este articulo. Obviamente este planteamiento se enfrenta a toda una cultura institucional en la cual no sólo hay que hacer prevalecer el status que soporta los intereses de los integrantes, sino también hay que mantener la estructura vigente así sea inútil por cuestiones netamente políticas.

Hemos creado ciertos paradigmas que nos mantienen todavía en el atraso. Uno de ellos es considerar que solo los profesionales con una alta calificación académica son los adecuados, o los que siempre a fin de cuentas deben manejar las instituciones científicas. Considerando la estructura legal que tenemos, que de por si no refleja la realidad, ello es un paradigma falso ya que en ninguno de los casos medimos si esas personas están calificadas para ser buenos administradores. De igual manera no podremos lograr una integración de la actividad científica en las instituciones y Universidades si ni siquiera hemos integrado las nuestras.

Existe desde hace tiempo el CONCYTEC Institución que fue creada justamente con el fin de hacer que actualmente le corresponde a un ministerio. Es curioso pero la actividad que desarrolla, a pesar que en el papel se indica concretamente cual es su función, en la práctica se ha deformado y cada administración ha intentado dar a la misma una dirección acorde con lo que el responsable de turno tenía de la ciencia. Creo que si se hace una evaluación se obtendrán resultados más positivos que negativos. Precisamente lo que se necesita para poder situarnos de alguna manera en ver cuál es nuestra verdadera realidad, es que el CONCYTEC muestre lo que ha ocurrido con la ciencia en el país en los últimos años; esto en función de los proyectos que ha apoyado básicamente. Lamentablemente seguimos mirando el desarrollo científico bajo la óptica del primer mundo y de acuerdo a ello es muy poco lo que hemos logrado. Casi la totalidad de la tecnología que se importa no es ni la más moderna ni mucho menos la más adecuada; esto es dramático cuando se trata de software por poner un ejemplo. El problema no se reduce en saber cuánta tecnología se importa, sinó la clase de tecnología que recibimos (sus características), sus posibilidades de adaptación productiva y de asimilación socio-cultural y ambiental. Desconozco si ese estudio cualitativo lo tenemos en el Perú.

Por estas razones, es necesario una verdadera formación educativa en Ciencia y Tecnología, la cual no sólo debe cuestionar a la sociedad sino también las diferencias que existen entre sociedad y naturaleza a fin de darle un sentido social al conocimiento. Lamentablemente lo que observamos en nuestro medio científico es todo lo contrario, responsables de instituciones con una visión meramente académica de Ciencia y Tecnología, se convierten en administradores burócratas sirviendo a las leyes que no reflejan la realidad. No existe una actitud de sinceramiento en el sentido de tomar al toro por las astas que cambien las estructuras de sus propias instituciones, empezando por ser agresivos ante el gobierno de turno para lograr cambios importantes que conlleven a una estructura productiva. Obviamente se parte del hecho de que todo está consumado y que lo único que queda por hacer es alinearse a la estructura que se recibe sin cambiarla. La preocupación concreta es la económica. Por un lado se piensa que aumentando dramáticamente los salarios y los presupuestos de sus instituciones se solucionará el problema científico del Perú. Sin embargo la experiencia ha demostrado que a pesar que esto se ha dado en alguna oportunidad, no ha habido mayor cambio, porque no se percatan de que la estructura en si es deficiente y descansa sobre paradigmas falsos.

" La crisis no es sólo económica y social, hay también una crisis de ideas " (Oswaldo Sunkel).

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