Un poco de historia para entender la situación de la ciencia y tecnología en el Perú

Por Leandro Rodriguez


En la última década del siglo XIX ocurrieron grandes cambios en el ámbito de la actividad científica y tecnológica mundial. En este período tuvieron lugar muchos descubrimientos e invenciones que sentarían las bases para la evolución de la industria y los servicios en la primera mitad del siglo XX. Algunas muestras de esto, en esos años: Roentgen descubrió los Rayos X; los esposos Curie descubrieron la radioactividad; Planck desarrolló la teoría cuántica; de Vries, Morgan y otros redescubrieron los trabajos de Mendel y dieron gran impulso a las investigaciones genéticas; Bayliss y Starling descubrieron las hormonas, Hopkins aisló la vitamina A, Willstater descubrió la composición de la clorofila, y Harden y Young trabajaron por primera vez procesos de catálisis con enzimas; Einstein desarrolló su teoría de la relatividad, mientras que Minkowski ideó las herramientras matemáticas que facilitaron el desarrollo de esta teoría; Freud publicó sus primeros estudios sobre la teoría del inconsciente, y Pavlov realizó sus trabajos sobre reflejos condicionados, he tratado este tema en otros artículos.

En el campo de la tecnología, los avances fueron igualmente impresionantes. Diesel construyó el motor a petróleo; Ford fabricó el automóvil Modelo T y desarrolló la línea de ensamblaje; Marconi inventó la telegrafía inalámbrica; Hoffman inventó el caucho sintético a partir del butadieno, Haber inventó el proceso para sintetizar amoníaco en escala industrial, Baekeland inventó la Bakelita, y Chardonnet y Cross realizaron sus trabajos que llevaron a la producción industrial del rayón y celofán; los hermanos Wright hicieron el primer vuelo en aeroplano, Blériot cruzó el Canal de la Mancha, Curtiss construyó el primer hidroavión, y Junkers el primer avión totalmente metálico; Brearley desarrolló el primer tipo de acero inoxidable; y se desarrollaron procesos para fabricar productos tales como insulina, detergentes sintéticos, siliconas y plexiglás.

Sin embargo, pese a que la lista de avances y adelantos prácticos podría extenderse mucho más aún, desde el punto de vista de la actividad científica y tecnológica los cambios más importantes que ocurrieron en este período se refieren a la organización de la ciencia y la tecnología en el sentido de la profesionalización de la investigación y los cambios institucionales en la forma de producir conocimientos y realizar innovaciones. Durante este período, en Europa y en los Estados Unidos se produjo un cambio significativo en la estructura de las universidades, se articularon las relaciones entre la universidad y la industria, y surgieron nuevas reglas institucionales para organizar la investigación.

Estos fenómenos se manifestaron en forma más clara en los Estados Unidos, en donde surgieron laboratorios universitarios para prestar servicios a la industria (por ejemplo el laboratorio de fisicoquímica en MIT fundado en 1903); se crearon nuevos programas en el campo de las ingenierías (por ejemplo, ingeniería eléctrica en las universidades de Yale, Michigan, y en MIT, y Purdue); y la relación entre universidad e industria se hizo muy estrecha, sobre todo en los campos de la ingeniería química, mecánica y eléctrica.

Por otra parte se establecieron los primeros laboratorios de investigación industrial las "fábricas de tecnología" que organizo de manera sistemática y científica el tipo de institución que había anticipado Edison al fundar en 1876 su laboratorio de Menlo Park. Así, durante este período se establecieron los laboratorios de investigación industrial de las empresas Du Pont (1901), General Electric (1900), American Telegraph and Telephone (1907), Westinghouse (1903), Arthur D. Little (1905) y Eastman Kodak (1912), estos cambios de carácter institucional y los avances en ciencia en los Estados Unidos dieron hegemonía norteamericana sobre la actividad científica mundial que se mantiene hasta nuestros días. En cierta forma, el reordenamiento del aparato industrial, tecnológico y científico de los Estados Unidos que tuvo lugar durante este período hizo converger los esfuerzos de científicos, académicos, ingenieros, empresarios, gerentes, funcionarios gubernamentales y políticos para apoyar el surgimiento del capitalismo que vendría a dominar la escena tecnológica hasta nuestros días.

¿Cuál era la situación de América Latina en el cambiante contexto de la ciencia mundial de esta época? La ciencia latinoamericana a fines del siglo XIX era prácticamente inexistente, el estado actual de marginalidad de la ciencia latinoamericana en el contexto mundial es el resultado de un largo proceso histórico que ya se manifestaba claramente a principios de siglo, y que la distancia que separaba a la región de los países científicamente más avanzados ha aumentado continuamente desde hace varios siglos. La dispareja e irregular evolución de la actividad científica y tecnológica en América Latina durante el periodo colonial y las primeras décadas de vida republicana hizo que la región presentara al finalizar el siglo XIX una imagen desigual y desarticulada del quehacer científico.

En términos generales podría decirse que al acercarse el siglo XX en ninguno de los países de América Latina la ciencia había logrado constituirse en una actividad firmemente establecida, con pleno apoyo del gobierno, y capaz de realizar aportes significativos al conocimiento mundial. No se había llegado a desarrollar una tradición científica, ni se había creado un ambiente favorable para el cultivo de las ciencias. Menos aún se podría hablar de transformaciones en las instituciones educativas y las empresas productivas similares a las que ocurrían en los Estados Unidos y Europa en esa época. El incipiente grado de desarrollo económico no permitió generar una demanda sostenida de actividades científicas y tecnológicas, la superioridad intelectual de Europa y los Estados Unidos los convertían en las fuentes lógicas de ideas y técnicas productivas, los rasgos culturales ibéricos no propiciaron actitudes favorables a la ciencia, y la inestabilidad política de la región no permitió la acumulación de esfuerzos.

Sin embargo, hacia fines del siglo XIX se había creado en la región un buen número de instituciones científicas, sobre todo en Brasil y México, científicos europeos habían emigrado hacia la región, principalmente hacia Argentina, Uruguay y Chile, estimulando la investigación y la enseñanza de las ciencias; las escuelas de ingeniería y los institutos técnicos formaban un creciente número de ingenieros y especialistas; la arqueología y antropología se encontraban en franco desarrollo; y las investigaciones en medicina y salud pública habían producido importantes resultados para controlar enfermedades tales como la fiebre amarilla y la verruga peruana, y para producir vacunas. A esto debe sumarse las actividades de ingeniería vinculadas a la expansión de la infraestructura física de ferrocarriles, puertos, alcantarillado, carreteras y telecomunicaciones, además de las actividades de mantenimiento de equipo industrial, de prospección y explotación minera, y de mejora de la producción agropecuaria.

Por último, es importante destacar que a fines del siglo XIX se hablaba ya de la importancia de desarrollar una capacidad científica y tecnológica propia en América Latina. Hoy día después de más de un siglo, nuestra ciencia es de copia o de compilación; aprendemos y repetimos lo que otros han pensado o hecho, más no indagamos por nosotros mismos; a esta falta de originalidad en las aspiraciones y en los métodos, hay que agregarle el desfallecimiento que poseemos. Con condiciones naturales propicias al desarrollo de la aspiración científica, permanecemos, sin embargo, inactivos.

¿Qué estamos esperando? ¿Que vengan otros a resolver nuestros problemas científicos? ¿cómo esperamos que van a dar solución a nuestras dificultades industriales?. Si nuestra actividad científica está aún muy restringida, no es esto un motivo que deba desalentarnos; al contrario, es causa de aliento para marchar adelante: "Fuerza y Esperanza" es un buen lema para los trabajadores del pensamiento y del conocimiento, no les parece.

 

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