La deshumanización por los cambios tecnológicos

Por Leandro Rodriguez


Pareciera que el nuevo paradigma de nuestra vida fuera vivir de prisa; observo que esta actitud, al parecer, genera una especie de supremacía en la gente, los aditamentos que nos ha brindado la ciencia y la tecnología se han convertido poco a poco en prótesis de nuestro cuerpo y en vez de aligerarnos la vida nos la complica.

Las personas de mi generación han tenido la oportunidad de vivir una etapa de cambios fascinantes; ello nos ha dado la fortaleza de tener una visión integral de la vida y de poder sopesar el impacto de la tecnología considerando una visión holística de la misma.

El pueblo donde nací no contaba con señal de televisión por lo que después del colegio, practicábamos futbol, tocábamos algún instrumento musical o simplemente buscábamos a los amigos para compartir un buen momento, incluso nos reuníamos para estudiar, esto era lo más normal; una especie de grupos de estudio para cumplir las obligaciones del colegio. De hecho esta situación proveía muchas condiciones de ventaja desde el punto de vista humano. Recuerdo que era considerado como norma que en las horas de desayuno, almuerzo y comida la familia estuviera completa. Era el momento en que se compartía las experiencias de las actividades que habíamos tenido durante el día; mi padre contaba las incidencias de su trabajo ilustrándonos sobre las funciones que realizaba, lo mismo hacía mi madre y por mi parte sentía la necesidad de expresar mis experiencias en el colegio, básicamente las palomilladas que realizábamos y que a veces eran motivo de risas. En aquel tiempo se estudiaba de mañana y de tarde, lo mismo se hacía en los trabajos. Después del almuerzo era norma echar una siesta y luego se regresaba a terminar la jornada. Nuestros padres eran prácticamente nuestros tutores y profesores para muchas actividades que deseábamos realizar. Mi padre me introdujo al ajedrez, la natación, al futbol, la música, etc. Después de algunos años reflexionaba cómo estos hombres habían logrado tener tanto background en sus vidas teniendo incluso limitaciones económicas en la educación que recibieron.

Este ambiente en el que desarrollábamos nuestra vida, de alguna manera, generaba en nosotros mucha fraternidad y aprendíamos no solo de lo que se nos enseñaba en el colegio sino del ejemplo que recibíamos de nuestros padres. Aprendimos a valorar de manera inconsciente lo que significaba el compartir y comprobaríamos más tarde que las experiencias que ello nos generó hicieron que perdurara para toda la vida y que a la postre será lo que nos llevaremos a la hora que nos toque partir.

En la universidad, en la facultad de física, se aprendía al inicio de la carrera, el manejo de la regla de cálculo; lo que me fascinaba de este invento era saber cómo se había logrado, pero su manejo siempre me causo desazón. Con ella podíamos realizar cálculos sin hacer mayores operaciones matemáticas y para los no entendidos fue motivo de admiración. Para esos tiempos en la facultad existían algunas precarias calculadoras que realizaban las 4 operaciones aritméticas en un tiempo prolongado, en realidad no servían para nada.

Posteriormente en un lapso de poquísimo tiempo, el invento del transistor y del chip por los físicos que venían trabajando en ello y que luego se convertirían en los creadores de algunas de las empresas más famosas que fabricaran estos aditamentos para computadoras hasta la actualidad, generaron cambios importantes en nuestra vida universitaria. Aparecieron calculadoras que podían realizar cálculos matemáticos complejos y cuyo manejo era simplísimo, luego se crearían lenguajes de programación para estas pequeñas máquinas que permitirían realizar procesos más sofisticados. Por entonces un curso obligatorio era el de programación de computadoras, se trabajaba con tarjetas perforadas para introducir la información y el proceso de correr un programa era realmente una cuestión de estado. Estas herramientas estaban ya generando un cambio cuyo impacto se vería muy pronto. Todavía al final de nuestra carrera y en la institución en que trabajáramos el procedimiento de procesar la información seguía manteniendo el esquema de tarjetas.

Todo esto llevó algunas discusiones en la facultad, siguiendo tal vez las ideas de aquellos visionarios de la ciencia y ficción, pensábamos y vislumbrábamos como sería el futuro. La realidad mostró que nos quedamos cortos en nuestra imaginación, la realidad sobrepasó la ficción.

Algo que soportaba nuestros pensamientos era el hecho de saber que los inventos de la ciencia y la tecnología generarían un impacto positivo en nuestras vidas; por inducción pensábamos que si a nosotros nos había aligerado el trabajo de cálculo en primera instancia, luego nos daría la posibilidad de entender y saber los procesos que evaluábamos por entonces. Algunas actividades que realizábamos tenían que ser reevaluadas para suprimirlas o modificarlas, todo ello con la idea de que nuestra función diera un salto cualitativo que permitiera mejorar nuestra calidad de vida. Esto aunado a los inventos que incidieron en la medicina en donde los procesos físicos fueron aplicados para realizar escaneos del cuerpo humano con detalles nunca antes vistos, en tratamientos del cáncer, en tecnología que permitiera trasplantes de órganos, etc. Posteriormente con la aparición de Internet, la transmisión de audio y video de manera remota, etc. Esta revolución nos haría vislumbrar que todo estaba ya listo para dar un salto cualitativo en nuestras vidas con la idea de mejorarla.

Lamentablemente la velocidad de los cambios no fue a la par con el cambio de paradigmas de las sociedades; no se creó la cultura para asimilar la tecnología. Se originaron modelos sociales que marcaron la tendencia sobre nuevos supuestos valores. En sociedades como la nuestra donde la educación es rígida, se generaron estructuras de pensamiento dirigidas y muy apegadas a normas y leyes que casi no se cambian, la adaptación a esta tecnología fue precaria.

El impacto que se observa es a la inversa, es decir, en lugar de que se tenga un resultado de mejora en la calidad de vida, por el contrario la degrada.

En lugar de que el manejo del tiempo parta de entender que utilizando las herramientas tecnológicas se pueda optimizar dando la posibilidad de ubicuidad en el cumplimiento de las responsabilidades, por el contrario se complica. Hay una especie de sin razón o pérdida total del sentido común que obedece a la incapacidad de ligar la tecnología en la modificación de los procesos y procedimientos, usándola básicamente en la adaptación de lo nuevo a lo viejo sin ningún cambio. La consecuencia de esto nos lleva a entrar en una especie de túnel sin salida, que sumados a una cultura que se soporta en una falta de planificación e improvisación, se complica; se congestionan los procesos, el manejo y la administración de las empresas e instituciones privadas y del estado.

Por lo tanto se implementa el dicho "Lo quiero para ayer" que es simplemente una muestra de atraso de una sociedad que se sustenta en un divorcio del uso de la tecnología y los procesos que se utilizan. Asimismo se pierde o se sacrifica la vida personal ya que ello pasa a un segundo plano considerando que lo fundamental es solamente satisfacer la economía del núcleo familiar, dejando de lado la interacción con la familia, proceso fundamental en la educación de los hijos. Es hasta contraproducente observar a gerentes dependientes de una serie de medicinas pero sin ningún cambio en su forma de vida, con actividades fuera de control, sin ser conscientes hasta qué punto, aquel dinero que generen será necesario en su tratamiento de las enfermedades que ellos mismos se están provocando.

Finalmente es importante entender que asumir una tecnología influye nuestro comportamiento, produce una desestructuración en la sociedad tradicional generando un desequilibrio emocional, donde se hace dudar de los valores establecidos que hemos adquirido en nuestra formación. Esto implica una actitud de cambio que sea responsable y consciente y que se traduce en todas las esferas del conocimiento.

"Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo solo tendrá una generación de idiotas". A. Einstein.

 

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