Ciencia y Desarrollo para el Perú

Por Leandro Rodriguez


Todas las acciones que se realizan en nuestro país en relación a la ciencia, me refiero a su promoción, eventos de difusión, encuentros, etc. No se soportan sobre una concepción acorde con nuestra realidad, es más, no existe una idea de lo que es la ciencia en un país como el nuestro y por lo tanto no somos capaces de generar planteamientos coherentes que podrían a mediano o corto plazo dar sus frutos. Partimos de lo estereotipado, pensando que copiar y pegar lo que se hace en los países del primer mundo es la acción adecuada para el desarrollo, que el mecanismo que soporta esta sociedad es coherente y productivo y se cree que solo incrementando dramáticamente el presupuesto o creando instituciones burocráticas será suficiente para dar un fuerte empuje a la ciencia.

Es importante tener un claro entendimiento de cómo ha sido el desarrollo de la ciencia y la tecnología en el primer y tercer mundo, ello permitirá entender los procesos que llevaron a lograr lo que actualmente se tiene. De esta manera se podrán determinar reglas de medida adecuadas para generar políticas realísticas que creen las condiciones adecuadas para el desarrollo.

En los países del primer mundo la creación sistemática de conocimientos y la producción de bienes y servicios se vincularon orgánicamente a través de la invención de técnicas derivadas de los resultados de la actividad científica. Los nuevos conocimientos se transformaron en productos sin que fuera necesaria una asistencia exterior importante, salvo cuando se trataba de comparar los resultados de la investigación científica. El surgimiento de un potencial científico y tecnológico en el primer mundo puede entenderse examinando la evolución de las ideas que llevaron a la ciencia, en las sucesivas transformaciones de las técnicas productivas.

La obra de Newton, que introdujo la idea de que el universo es previsible y obedece a ciertas leyes que pueden conocerse y comprobarse, cambió radicalmente la concepción que el hombre tenía del mundo y confirmó lo que decía Bacón: el hombre puede dominar y controlar la naturaleza a través del conocimiento.

La evolución del pensamiento y la evolución de la tecnología constituyeron lo que ha dado en llamarse la evolución científica y técnica. Fue un proceso complejo, lleno de sinuosidades y de callejones sin salida, en el cual la ciencia y las técnicas de producción estuvieron muy relacionadas y se condicionaron en Europa. Este proceso duró aproximadamente doscientos años: se observó que durante la primera etapa los artesanos e industriales contribuyeron más al progreso de la ciencia (y especialmente en sus aspectos experimentales por medio de la fabricación de instrumentos). Sin embargo, hacia fines del período mencionado, los progresos de la mecánica, la química, la óptica, la termodinámica y otros campos del conocimiento contribuyeron más al desarrollo de las técnicas de producción que éstas últimas al avance de la ciencia.

Se conoce muy bien cómo evolucionaron desde entonces las interacciones entre la ciencia, la tecnología y la producción en los países del primer mundo que cuentan con un potencial científico y tecnológico propio. Los años de la segunda guerra mundial y la postguerra pueden presentarse como la era de la explosión científica, en la cual los progresos de la electrónica, la biología, la química, la cibernética y muchos otros campos transformaron a la ciencia en la clave de los cambios y perfeccionamientos de las técnicas de producción. En los países del primer mundo, este proceso se asoció a un aumento de los recursos destinados a la ciencia y a una expansión de las actividades científicas y tecnológicas, hasta tal punto que, en 1960 más de un tercio de la población activa de los Estados Unidos estaba asociada de una u otra manera a la "industria de los conocimientos".

En los países del primer mundo los últimos cuatro siglos han asistido al nacimiento de la producción de conocimientos de manera organizada y acumulativa y han presenciado la evolución de la ciencia practicada individualmente a una ciencia colectiva, que es hoy día una verdadera comunidad de científicos. Esta colectividad no sólo explico cada vez más coherentemente los fenómenos naturales y, en menor grado, los hechos sociales, sino que demostró su utilidad para el desarrollo de las técnicas de producción.

Es importantísimo hacer notar, sin embargo, de que todo esto no se trató de una empresa consciente, ordenada y planificada. Ello surgió espontáneamente, abarcó multitud de campos, dio lugar a innecesarias repeticiones de tareas, y se genero una serie de contradicciones.

A pesar de ello, la característica de la ciencia que se va corrigiendo a sí misma permitió que durante este proceso se produjesen cambios, siempre dentro del marco determinado por el vínculo de los intereses de los científicos y los de los Estados e instituciones que financiaban sus actividades científicas.

Por el contrario, la mayoría de los países subdesarrollados del tercer mundo no crearon ni crean técnicas de producción a partir de actividades científicas propias. No ha existido ninguna conexión entre las actividades destinadas a generar conocimientos y la evolución de las técnicas de producción, de manera que ha existido un aislamiento entre estos sectores.

La difusión de la ciencia del primer mundo hacia los países del tercer mundo ha sido un proceso irregular, que implicaba la aceptación de los resultados, sin conocer los procesos que los habían producido. En el caso del Perú el poder colonial excluyó deliberadamente todo desarrollo propio, retrasando así el desarrollo de las posibilidades científicas y tecnológicas autóctonas. El carácter de las actividades productivas estuvo condicionado, en primer lugar, por los intereses de las potencias coloniales. Debido a ello, en estos países las actividades productivas se orientaron fundamentalmente hacia la extracción de recursos naturales que interesaban a los colonizadores o a los capitalistas extranjeros. La mayoría de las técnicas empleadas en las actividades productivas eran importadas, lo cual significaba que la base tecnológica asociada a ellas era ajena al medio local. El resultado fue que los países como el Perú adquirieron conocimientos técnicos modernos, desconectados de su realidad física y social, y cuyo mantenimiento y renovación dependían del exterior o del primer mundo.

Pasando ahora a la tecnología autóctona, que se había desarrollado lenta y sucesivamente durante mucho tiempo (siguiendo un proceso similar al que tuvo lugar en Europa durante la Edad Media) fue eliminada o dejada de lado, fundamentalmente porque no servía directamente a los intereses de los colonizadores y, más adelante, a los de los capitalistas. Esta eliminación fue particularmente drástica en las regiones que habían logrado progresos considerables de manera independiente, como, por ejemplo, la civilización andina, y sus consecuencias sociales fueron desastrosas. Sin embargo, algunas de esas actividades tradicionales sobrevivieron.

La desaparición de las actividades productivas redujo las técnicas autóctonas que se habían inventado a lo largo de los años, y muchas de ellas se perdieron definitivamente.

En los países del tercer mundo no hubo ni hay hasta la actualidad interacciones entre, las actividades que generan conocimientos científicos, las estructuras tecnológicas que van asociadas a las actividades productivas implantadas. Por último, el potencial tecnológico tradicional o autóctono se produjo aisladamente, sin que se genere la fusión entre la ciencia y la producción que caracterizó a los países del primer mundo provistos de una base científica propia.

Cuando nos damos cuenta que la ciencia constituye la clave de las ventajas de que gozan los países del primer mundo, lo primero que se nos ocurre es hacer una transferencia de tecnología desde estos países hacia los nuestros. Sin embargo, un proceso masivo e indiscriminado de transferencia de tecnología como la que hacemos, sólo lleva a desplazar los frutos materiales e intelectuales del potencial científico propio, y no conduce a desplegar la capacidad de desarrollo de la ciencia y la tecnología en el tercer mundo. Tenemos que empezar por examinar que lo que tiene el primer mundo es producto de cuatro siglos de interacción de la ciencia y la producción para tomarlos como punto de partida para generar un proceso gradual de desarrollo de técnicas tradicionales considerando nuestro patrimonio cultural. Es totalmente necesario buscar una forma creativa propia de desarrollo conservando la identidad cultural y el patrimonio nuestro.

No estoy de acuerdo con la idea de pensar que los países del primer mundo deben considerarse como un modelo universal que debemos de seguir, es muy importante desde mi punto de vista generar una armonización entre nuestro patrimonio cultural y la ciencia moderna; debemos crear nuevas "maneras" o "estilos" para elaborar una ciencia más adaptada a las necesidades de nuestro país. Es evidente, sin embargo, que la orientación de la ciencia son afectados por el medio social, la economía, los modelos culturales e intelectuales y lo más importante la interacción con la sociedad. Lo que se observa es que no existen esfuerzos encaminados a valorar la posibilidad de una ciencia con características locales, desde la perspectiva del tercer mundo.

La identificación, selección y formulación de problemas constituye un proceso donde influyen factores económicos, sociales, políticos y culturales.

Finalmente es importantísimo continuar la tendencia de prestar mucha atención al redescubrimiento y la recuperación del potencial tecnológico tradicional de manera que los conocimientos y técnicas tradicionales pueden ser el punto de partida para inventar nuevas tecnologías más adecuadas para nuestro país como un primer paso para asumir métodos, enfoques y resultados de la ciencia y la tecnología modernas, con miras a aumentar el nivel y a mejorar sistemáticamente la tecnología tradicional. De hecho que una nueva búsqueda de lo que indico implicara generar nuevas formas científicas con mayores características locales que impliquen la recuperación de los conocimientos y técnicas tradicionales. Este camino en un país como el nuestro será difícil, sin embargo es esencial para construir un potencial científico propio que nos lleve al desarrollo.

 

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