La propiedad intelectual y la empresa del futuro

Por Leandro Rodríguez


Toda la estructura de negocio de las empresas que se dedican a la venta de hardware y software, descansa sobre el concepto de propiedad intelectual que se tiene hasta la actualidad. En el caso del software esto implica que sólo se vende al cliente un permiso por el uso del producto que se produce y cualquier cambio o adaptación que se requiera necesariamente tendrá que recurrirse a la empresa que desarrolló el software. Es ilegal cualquier modificación que se desee hacer sin el consentimiento de los autores del producto y se dependerá de ellos hasta el día en que el cliente decida no usarlo o cambie de empresa ligándose de igual manera a la dependencia de por vida al nuevo proveedor.

El paradigma que soporta este esquema hace que las mismas instituciones que se encargan de defender los derechos de dichas empresas no vislumbren que su actividad es obsoleta, que está fuera de época y que en la práctica no ejercen un control real en el manejo de los productos. No pretendo dejar de dar valor al derecho de cualquiera a obtener beneficio económico de su propia obra intelectual, sea del tipo que sea: escultórica, arquitectónica, gráfica, escrita, etc, independientemente del soporte físico que la sustente y difunda. Este derecho se ejerce principalmente de dos formas; por la venta de la obra inédita y por los beneficios pecuniarios obtenidos por la reproducción de la obra ya dada a conocer.

El autor, para mantener sus derechos, debe tener una constante vigilancia que le permita detectar y denunciar la reproducción de su obra. Las leyes de protección de la Propiedad Intelectual se dieron hace más de trescientos años con el objeto precisamente de dar un marco legal a la vigilancia de la obra; inicialmente, tal vigilancia era razonablemente sencilla, pues reproducir la misma era muy difícil y se necesitaba una estructura muy cara y compleja lo cual limitaba tal posibilidad a un reducido número de entidades especializadas. Bastaba entonces controlar la actividad de teatros e imprentas; posteriormente, conforme al avance de la ciencia y tecnología tuvo que añadirse otras actividades como cines, rotativas y otros pocos centros de fabricación de difusión de cultura. Se consiguió defender con éxito los derechos de autores de música, de teatro, literatos y finalmente de autores cinematográficos. En algunos países las entidades que se encargan de la defensa han sido formadas hace más de cien años y siguen sin ningún cambio en su visión hasta la fecha.

Con el paso del tiempo, con los descubrimientos e invenciones que ha generado la ciencia, resulta cada vez más difícil defender este esquema, cada vez un mayor número de personas puede tener acceso a herramientas que le permitan reproducir una obra. La radio y el gramófono, permitieron a principios del siglo pasado difundir con una instalación de poco costo producción musical y literaria. Posteriormente la televisión hizo llegar indiscriminadamente todo tipo de espectáculos populares. Las entidades controladoras pasaron de visitar y controlar unos puñados de puntos capaces de reproducir obras protegidas a muchos miles de puntos, entonces se generó la idea de cobrar un cánon a cualquier bar, sala de fiesta, hotel y otras actividades públicas o privadas que divulgaban alguna obra artística por diferentes motivos y medios.

El problema se desborda y llega a límites insospechados con la llegada de la era digital, cualquier persona con un mínimo de equipamiento, obtiene perfectas copias de textos, imágenes, música y películas, incluso si lo desea, con sus medios y sin esfuerzo ni gasto puede difundir esta obra a todos sus amigos y conocidos.

Hoy no se trata de cientos o de miles, sino cientos de millones de personas que reproducen y difunden la obra intelectual. Existen programas en Internet que permiten que un particular busque y encuentre gratis aquella obra artística que desea poseer, copiándola de cualquier otro usuario que la posea, hoy se calcula que existen doscientos quince millones de usuarios por ejemplo de Kazaa (un programa que permite compartir musica) y no es posible establecer una forma de control sobre esta actividad.

Es importante entonces ver el escenario donde nos movemos en la actualidad, se siguen utilizando criterios con más de cien años de existencia, la defensa de las ganancias de las empresas basados en la reproducción de la obra intelectual, está perdida. Criterios que se establecieron a la luz de un candil de aceite y se actualizaron bajo una lámpara de gas, no son válidos en la Era Digital, se necesita cambiar los paradigmas.

La defensa, legítima, de los intereses de los creadores intelectuales no pasa actualmente por el cobro de derechos de reproducción tal como ahora están establecidos. La Propiedad Intelectual necesita diseñar nuevas formas de ingreso para los creadores, que les de una justa compensación económica, proporcional al éxito de su obra entre el público, pero que no se base en limitar la difusión de su obra entre el público. Se hace imprescindible que las instituciones que se dedican a esta actividad generen nuevos esquemas acorde con el avance de la ciencia y tecnología. Es necesario una reingeniería de las mismas, obviamente sin estos cambios están condenadas a su extinción.

En el articulo http://www.leandrorodriguez.org/articulos/desarrollo_sostenible.htm esquematicé lo que era el software libre y su implicancia en el desarrollo de un país, dentro de este esquema la estructura empresarial que sustenta la mecánica de desarrollo del software libre sufre cambios dramáticos y de hecho generará grandes oposiciones porque se rompe la esencia que soporta la constitución de empresas tradicionales de software y de hardware, he aquí un ejemplo de ello.

En Silicon Valley existe una empresa de nombre Slim Devices ellos han producido un producto que se llama Squeezebox que es revolucionario. Este producto lleva la música desde una computadora a un equipo de sonido o home-theater, utilizando para ello una red wireless o ethernet, sin ninguna perdida en la calidad por el contrario mejorandola y haciéndola sonar con una claridad impresionante en parlantes de alta calidad en las salas de nuestras casas.

¿Que es lo original de esta empresa y del producto en mención?. En la producción del equipo no sólo participaron los ingenieros de la nomina de Slim Devices sino curiosa e increíblemente sus clientes de todo el mundo, un esquema exactamente igual a como se desarrolla el software libre. Sean Adams el fundador de esta empresa que abandonó la universidad y que en la actualidad tiene 27 años apostó que el saber compartido podía extenderse no sólo a software sino también a un objeto tangible que se pudiera comercializar en el futuro. Slim Devices entonces es una empresa de contenido abierto, esto lo hizo su autor simplemente porque no tenía dinero para construir una empresa de la manera tradicional. Entonces se optó por el modelo en base a una necesidad. La contribución fue crear una comunidad cooperativa y la labor de ellos fue la de atraer y orquestar el trabajo de personas de todo el mundo que estaban deseosas de contribuir. Obviamente este esquema no es lo que la gente de negocios ha estado aprendiendo por décadas en las escuelas e institutos de nombres rimbombantes en relación a la creación y manejo empresarial.

Personas de todo el mundo han estado contribuyendo gratis con Slim Devices por todo tipo de razones. Algunos lo hacen porque en ello ven una oportunidad de trabajo para conseguir empleo, otros simplemente por un reto que implique mejorarse a si mismos, pero muchos simplemente porque es innato en los que queremos las cosas a nuestra manera y que impliquen el bien común compartido y enriquecido, esta es una magnífica oportunidad para lograrlo. Dentro de estas personas están los que escriben el software del Squeezebox, los que diseñaron la estructura del aparato, los que diseñaron el mecanismo de volumen del aparato o los que diseñaron el control para que la música corriera mas rápido. Todos ellos, en algunos casos trabajadores de instituciones que nada tienen que ver con tecnología de punta como por ejemplo el caso de John Heal empleado del Departamento de Agricultura de Virginia, se sienten felices de tener la oportunidad de tratar de mejorar un producto y de ser oídos.

Slim Devices depende entonces de su comunidad cooperativa de entusiastas que sugieren los nuevos rasgos que tendrán los productos. Sin embargo no sólo es esto lo que hace diferente a la compañía, lo fundamental del asunto es el hecho de que se ha confiado en personas no empleadas la información de la ingeniería fundamental, algo realmente importante e imprescindible para la mejora y el desarrollo de un producto de alta calidad; esto implica haber roto con todos los paradigmas que soportan a empresas de este tipo y sobre todo a dar una vuelta completa al concepto de derechos de autor. Obviamente las personas que colaboran tienen acceso a las especificaciones detalladas del hardware y del software que determina como funciona. Cualquier persona que ha sido formada en una escuela de negocios de la forma de hacer empresa diría que los propietarios de Slim Devices están locos, que como es posible dejar de proteger la propiedad intelectual y no tener patentes. Por el contrario del hecho mismo de cambiar el paradigma, implementando una comunidad cooperativa depositando en los contribuyentes la confianza de la empresa se ha podido lograr una cosecha de talento y el compromiso de los participantes con el proyecto. Como todo en la vida hay riesgos, y probablemente cosas nuevas que aparecerán con el tiempo para resolver, pero el hecho de cultivar clientes que poseen gran creatividad de toda condición permite acceder al talento que de otro modo sería imposible y se reduciría a un grupo limitado de profesionales contratados por la empresa. Curiosamente la mitad de la comunidad cooperativa está en el extranjero, Canadá, Suiza, Alemania, Gran Bretaña, ojalá apareciera por allí algún participante de Perú, sería extraordinario.

Ante esta situación la empresa innovadora tiende a enfocar sus esfuerzos en, liderar una red de contribuyentes externos y ello supone aprender de la experiencia y trabajar con mentalidad no lineal para adaptarse rápidamente a los cambios ya que no hay sistema de referencia, aparte del esquema del software libre, que permita tener una base para generar una regla de medida. Las acciones al respecto van desde el hecho de ver si lo que hacen los contribuyentes no rompen algún sistema legal o si lo que se entrega no ha partido de usar algún producto licenciado o propietario. En el caso de los administradores de Slim Devices, manejan lo que podemos llamar un sistema caótico que es como se comporta el mundo y resuelven las discusiones, obviamente las ganancias generadas por la empresa están dirigidas a todos los que participan en el desarrollo del producto. El modelo de Slim Devices se prueba constantemente, todo esto ofrece un potencial de recursos ilimitados pero hay un elemento de incertidumbre que para los que son formados en escuelas de negocios sería inaceptable. Empresas como Logitech han anunciado su deseo de comprar la empresa, ojalá si esto se diera no haya cambios y permanezca autónoma, impulsada por su comunidad cooperativa de creadores o lo más probable sea que Logitech acabe con la inversión más valiosa en los últimos tiempos.

Slim Devices ha demostrado que en el mundo actual, el mundo digital, lo que es importante no son las grandes redes de comunicación o la gran infraestructura de hardware y software; lo importante viene a ser lo que se cosecha en la mente de los que están detrás de todo esto, o sea en los usuarios finales. Nos hemos convertido en pequeñas neuronas de un cerebro electrónico global, la idea ahora es conectar las bases de datos que tenemos en nuestros cerebros y de esa manera generar comunidades cooperativas que se retroalimentan para generar proyectos de gran envergadura. Slim Devices es un buen ejemplo que puede perfectamente ser aplicado en países como los nuestros, especialmente por el hecho de contar con recursos limitados pero que poseen un potencial importante en la gente que se encuentra en el país y en el extranjero, la cual puede perfectamente ser involucrada en proyectos de esta naturaleza; podemos apuntar en primera instancia al software. También es importante ver el hecho de que los valores y principios cambian o deben cambiar con el avance de la ciencia y tecnología y es necesario generar toda una base legal para ello, ya no puede verse el mundo bajo un esquema de patentes y de propiedad intelectual, la experiencia ha demostrado que el avance de la humanidad se da al compartir los logros, los esquemas cambian, sin embargo los paradigmas no. Es un reto para nuestros gobernantes ver claramente el nuevo mundo y al margen de resolver creativamente los problemas álgidos que nos afectan, aprovechar estos nichos de mercado los cuales permitirán tener competitividad con el mundo con mínimos recursos para ello. Es imprescindible reestructurar las instituciones que se encargan de proteger los derechos de autor y que velan por los intereses más que de empresas locales, de grandes empresas extranjeras, de esta manera se debería generar con ellas una estructura que estimule la creación de este tipo de empresas y no sea por el contrario un impedimento. Lamentablemente para este logro tendríamos en algunos casos que hacer una reingeniería cerebral a nuestros gobernantes.