Las equivocadas predicciones científicas

Por Leandro Rodriguez


Hace unos meses, hablaba con el Director de una institución científica sobre la tendencia actual de las ciencias de la tierra. Curiosamente para este señor ya no quedaba nada por investigar en el aspecto sismológico respecto al conocimiento de nuestro planeta; todo se estaba centrando en la realización de estudios que conducirían a la obtención de espectros de respuesta del terreno y a la obtención de sismogramas sintéticos para la determinación de la microzonificación sísmica de un determinado lugar. Pensar en otras investigaciones como por ejemplo los tiempos de alarma de los terremotos era pensar en cosas hasta cierto punto esotéricas. Estas afirmaciones no tendrían ninguna trascendencia si hubieran sido hechas por un iletrado en ciencia pero en este caso estábamos hablando de un Phd en sismología.

Es interesante observar que a lo largo de la historia se han visto casos de obcecación y poco talento de ciertos científicos de gran relieve dentro del mundo científico a la hora de evaluar novedades técnicas o logros científicos. Hubiera sido mejor que hubiesen permanecido en silencio antes de emitir opiniones tan absurdas. Es interesante observar como personas muy competentes, que poseyeron poder de decisión sobre ciertas líneas de investigación, pudieron equivocarse de esa manera.

Hago mención de algunas muestras de increíbles errores.

El astrónomo Ptolomeo declaró en el siglo II que ningún hombre podría cruzar el ecuador, pues los rayos verticales del sol harían hervir los océanos y arder los barcos de madera.

El astrónomo Joseph de Lalande escribió en 1782: "Mírese como se quiera la cuestión, es enteramente imposible que el hombre se alce en el aire y flote en él". Lalande sería luego director del Observatorio de París a comienzos del siglo XIX, a pesar de haber impedido con esta y otras frases similares el proyecto de François Blanchard de fabricar un globo. Al año siguiente de emitir el anterior juicio, en 1783, los hermanos Montgolfier lanzaban el primer globo y en 1785 el propio Blanchard franqueaba el canal de la Mancha con el suyo.

En 1829, el gobernador de Nueva York, Martin van Baren, dirigió la siguiente carta al entonces presidente de la nación Andrew Jackson: "... los vagones de "ferrocarril" son arrastrados a la enorme velocidad de 15 millas por hora, por "locomotoras" que, además de poner en peligro la vida y la integridad de los pasajeros, rugen y resoplan a su paso, incendiando las cosechas, espantando el ganado y asustando a mujeres y niños. El Todopoderoso nunca tuvo intención de que la gente viajara a tan rápida velocidad". ¿Opinaría ahora que el todopoderoso no lo es tanto?

Dionysius Lardner, profesor de Filosofía y Astronomía de la Universidad de Londres, poseía dos doctorados y 15 distinciones educativas amén de una medalla de oro por sus trabajos relativos a las máquinas de vapor. En 1834 llegó a afirmar este sabio británico que si le fallasen los frenos a un tren dentro del túnel proyectado en pendiente por el ingeniero Isambard Kingdom Brunnel en la localidad de Box, cerca de Bath, el tren alcanzaría una velocidad superior a los 215 Km. por hora, lo que ocasionaría la muerte, por asfixia, de todos los pasajeros. Según sus cálculos, los trenes no deberían pasar de los 30 Km. por hora, ya que si no, acarrearía consecuencias nefastas para la salud.

En 1839, el doctor francés Alfred Velpeau, dijo: "La eliminación del dolor en las operaciones quirúrgicas es una quimera. Es absurdo continuar investigando por ese camino. El bisturí y el dolor son dos palabras que estarán asociadas para siempre en la conciencia del paciente". Siete años después de este desacertado comentario se introdujo la anestesia en los hospitales.

En el año 1846, el eminente fisiólogo alemán Johannes Müller manifestó que la velocidad del impulso nervioso jamás podría medirse. Seis años más tarde, en 1852, consiguió medirlo uno de sus más destacados discípulos.

Bischoff fue uno de los anatomistas de mayor prestigio en Europa a mediados del siglo XIX. Una de sus ocupaciones favoritas consistía en pesar cerebros humanos. Tras años de acumular datos advirtió que el peso medio del cerebro del hombre era de 1350 gramos, mientras que el promedio para las mujeres era de 1250 gramos. Durante toda su vida utilizó estos datos para defender ardientemente una supuesta superioridad intelectual de los hombres sobre las mujeres. Siendo un científico modelo, a su muerte donó su propio cerebro para la colección. El correspondiente análisis indicó que su cerebro pesaba 1245 gramos.

En 1876, un alto ejecutivo de la Western Union manifestó que el teléfono poseía tantas limitaciones que no podía considerarse seriamente como un medio de comunicación.

En 1878, el profesor de la Universidad de Oxford Erasmus Wilson pronosticó que: "En lo que respecta a la luz eléctrica, hay mucho que decir a favor y en contra. Creo poder afirmar que la luz eléctrica morirá con el fin de la Exposición Universal de París. Luego no volveremos a oír hablar de ella".

Poco después de que Alexander Graham Bell demostrara en Estados Unidos la utilidad del teléfono, se le pidió un comentario a Sir William Preece, ingeniero jefe de Correos de Gran Bretaña, sobre la aplicación de esta novedad en el Reino Unido. Sir William Preece replicó: "No, señor. Los norteamericanos necesitan el teléfono, pero nosotros no. Tenemos muchos niños mensajeros".

Cuando Edison anunció en 1878 que estaba trabajando sobre la bombilla de luz eléctrica, se creó una comisión parlamentaria en Gran Bretaña para investigar la posible utilidad del proyecto. La comisión de expertos dictaminó que esa idea fantasiosa era quizás buena para los amigos de más allá del Atlántico pero poco valiosa para merecer la atención de los prácticos hombres de ciencia británicos.

En 1878, el físico Du Moncel presentó el fonógrafo de Edison en la Academia de las Ciencias de París. Apenas hubo oído su sonido el también físico Jean Bouillaud saltó de su asiento y agarró a Du Moncel por el cuello con un vigor impropio de sus ochenta y dos años mientras gritaba: "¿Cómo se atreve usted a intentar engañarnos con trucos de ventrílocuo?" Seis meses después el académico M. Bouiflaud presentó en la misma docta institución una dura crítica contra el fonógrafo, porque era imposible, según afirmó, que la noble palabra humana fuese reemplazada por un innoble metal.

Algunas "joyas" del propio Thomas Edison (1847-1931):

El cine hablado no suplantará al cine mudo. Se necesita tal inversión en medios para realizar películas de este tipo que sería absurdo intentarlo. (1913).

En quince años se venderá más electricidad para vehículos eléctricos que para iluminación. (1910).

No hay defensa que justifique el uso de la alta tensión y la corriente alterna, bien sea desde el punto de vista científico o comercial… Mi deseo es que se prohíba por completo el uso de la corriente alterna. Es innecesaria, además de peligrosa. (1889).

En 1901, George Sutherland vaticinó que el submarino apenas tendría utilidad bélica "porque era inútil esperar que sus tripulantes pudieran ver a gran distancia bajo el agua?"

El astrónomo norteamericano Simon Newcombe manifestó que una máquina que volara era "completamente imposible". Semanas más tarde los hermanos Wright, con su todavía imperfecto prototipo de aeroplano, realizaban su primer vuelo.

En 1917, Robert Milikan, que recibiría el Nobel de Física en 1923, afirmó la imposibilidad de aprovechar las reservas de energía contenidas en el núcleo atómico. Rutherford expresó la misma opinión en público el 11 de septiembre de 1933 durante una conferencia en la British Association for the Advancement of Science, opinión que mantuvo hasta su muerte. De la misma opinión, Otto Hahn también premio Nobel,, el descubridor de la fisión nuclear del uranio, cuando le preguntaron si creía posible la domesticación de la energía atómica, exclamó: "No me cabe duda de que sería contrario a la voluntad de Dios". Por lo visto, conocía poco a Dios.

"Ha llegado el momento de extirpar de la física aria los últimos vestigios del espíritu semita. El átomo alemán no se parece en nada al átomo judeo-marxista". (Johannes Stark, Premio Nobel 1919).

Ernst Mach (1838-1916), profesor de física en Praga y en Graz y catedrático de filosofía en Viena, dijo sobre la Teoría de la Relatividad: "Acepto tan poco la teoría de la relatividad como la existencia de los átomos y demás dogmas idiotas. Soy un hombre de ciencia y no un clérigo ignorante".

En 1950, el fundador de la Inteligencia Artificial, Alan Turing, vaticinó que en el año 2000 tendríamos máquinas dotadas de iniciativa, sentido del humor, amabilidad y disposición para enamorarse.

En Septiembre de 1957, el astrónomo real británico Sir Harold Spencer Jones, fue preguntado por un periodista acerca de las perspectivas de los vuelos espaciales. Jones contestó: "Los vuelos espaciales son quimeras". Dos semanas más tarde, el primer Sputnik fue puesto en órbita por los rusos.

En 1969, el director de salud pública (Surgeon General) de Estados Unidos, William H. Stewart, anunció solemnemente que era "hora de cerrar el libro de las enfermedades infecciosas". Posteriormente devino el virus de Ébola, la implacable propagación del sida, la enfermedad de las vacas locas, las muertes de escolares debido al E. coli 0157 y otras infecciones, resistentes a los antibióticos conocidos.

El Presidente de IBM Thomas Watson, en 1943 dijo: "Creo que existe un mercado mundial para aproximadamente cinco computadoras". En 1996 se vendieron en el mundo 68,4 millones de PC's). En el mismo sentido, y por la misma época, se pronunció el investigador Howard Aiken, quien auguró que las necesidades de cálculo de Estados Unidos no requerían más de cuatro computadoras. También es ilustrativa esta otra afirmación que se hacía en 1949 en la revista Popular Mechanics: "Las computadoras en el futuro no pesarán más de 1,5 toneladas". Ken Olson, un experto en computadoras, en 1977 aseguró que no veía razón alguna por las que los particulares hubieran de tener una computadora en casa.

Bill Gates, el magnate de Microsoft, dijo en el año de 1981: "640.000 bytes de memoria debería ser suficiente para todo el mundo".

Robert Metcalfe, inventor de Ethernet, vaticinó que Internet se derrumbaría catastróficamente en 1996. En 1997 Metcalfe se comió sus palabras (literalmente) en público.

Por otro lado si hablamos de aciertos, tenemos que referirnos al visionario novelista Julio Verne, en su novela, París en el siglo XXI, se anticipa al uso del fax y del transporte subterráneo. En 1892, el alemán Max Plessner, en su obra El futuro de la televisión eléctrica, predijo con certeza el advenimiento de este poderoso instrumento, se basaba en la posibilidad de utilizar una célula de selenio para traducir luz en corriente eléctrica y reproducirla como sonido o imagen. En 1897, el socialista inglés William Morris anticipó la legislación ambiental en Forecast of the Coming Century cuando previó una cruzada para abolir "el privilegio de las personas particulares de destruir la belleza de la Tierra en pos de su beneficio privado". En 1902, H. G. Wells, el novelista británico, anticipó que tan pronto las máquinas voladoras demostrasen su eficacia, serían utilizadas como armas de guerra. Y en 1937, el informe del Comité de Recursos Nacionales del gobierno estadounidense hizo gala de clarividencia al predecir la popularidad de la televisión, el uso extensivo del plástico y la formación de las multinacionales.

Falta de visión, ceguera o pesimismo; factores comunes en las versiones erradas de la evolución tecnológica, no así en las mentes que han hecho posible el mundo revolucionario en todas las ramas que nos ha tocado vivir; prácticamente tenemos el mundo en nuestras manos y no somos plenamente conscientes de ello. Todos los grandes pensadores coinciden que es el trabajo, el esfuerzo, la constancia y metas claras las que devienen en logros satisfactorios, nada se da en forma espontánea. Si analizamos la ruta de los grandes inventos veremos que en cada una de ellas hay un minuto de genialidad y horas interminables de trabajo y por sobretodo perseverancia.

 

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