Empecemos por ser buenos seres humanos

Por Leandro Rodríguez


Después de graduarme como Físico trabajé por varios años en el Instituto Geofísico del Perú (IGP). En aquella época el IGP tenía en su staff una cantidad muy considerable de personal con el grado de PhD quienes, lamentablemente, entendían muy poco los problemas que aquejaban al país. Eran personas que dependían de Viracochas y trataban fuertemente de validarse ante sus pares intentando hacer una ciencia para el primer mundo donde habían sido formados ignorando las necesidades de nuestro país. Esta actitud estaba muy relacionada con el comportamiento que manifestaban, llenos de complejos, mediocres y destructivos; el enfrentamiento entre ellos hacia difícil generar una sinergia común en la institución. Esta situación poco a poco generó un éxodo entre los profesionales jóvenes; muchos salimos a estudiar al extranjero con la idea de tener poder y regresar a desplazarlos. Lamentablemente esto no fue una regla, la mayoría no regresó y los que lo hicieron tampoco permanecieron mucho tiempo en el IGP y algunos se alinearon. Cosa curiosa hasta el día de hoy estos personajes que rayan casi en los 80 años todavía tienen cargos directivos en algunas instituciones del estado y en otras privadas y lo que es peor enseñan en las universidades. Si hacemos un balance de lo que han hecho por el país tendríamos que escribir un muy grande “cero”. Era curioso ver como se movían dentro del aparato burocrático de la institución. Por ejemplo para hablar con ellos se tenía que pedir cita con su secretaria y obviamente muchas veces demoraba uno o dos días, estaba prohibido visitar oficinas de otras especialidades, existía el miedo de compartir información, etc.

En el año 1990 fui invitado por primera vez al Centro Internacional de Física teórica de Trieste en Italia, para trabajar en el laboratorio de Física de la Tierra en predicción de terremotos y en la determinación de la estructura interna de la tierra. En aquella época el director y fundador de ese centro era el Físico Teórico Ganador del premio Nobel Abdus Salam de origen pakistaní, le dieron el Nobel por su trabajo en la unificación electro débil de las fuerzas electromagnéticas, premio compartido con Shelton Glashow y Steven Weinberg por ese importantísimo descubrimiento.

No pueden imaginarse el impacto emocional que sentí al conocer a este gran hombre, tenía todos los pergaminos para sentirse muy superior a todos nosotros. Sin embargo por el contrario era el hombre más modesto que uno podía pensar. En su oficina había un aviso que decía que si no estaba su secretaria y se encontraba desocupado se podía entrar sin avisar para conversar sobre cualquier tema que creyéramos conveniente, también decía que si deseábamos almorzar con él lo esperáramos en su oficina a las 12:30 P.M. Varias veces fui para almorzar con él y tuve el honor de conversar de nuestro querido Perú, me sorprendió el conocimiento que tenia de nuestro pasado, de nuestra cultura y su preocupación por la característica conflictiva de nuestras sociedades. Era un hombre simple, me obsequió un libro que se llamaba 100 razones para ser un científico, escrito por 100 grandes hombres de la ciencia y por supuesto él era uno de los autores. Gracias a él se creó ese centro donde los científicos del primer mundo pueden trabajar codo a codo con científicos del tercer mundo, donde existe una preocupación y proyectos relacionados directamente con las necesidades de nuestros pueblos.

Lo que aprendí al conocer a este gran hombre fue, que la sabiduría no viene con la instrucción, que la genialidad siempre está ligada a valores intrínsecos como la sencillez y el amor hacia sus semejantes y por otro lado que la mediocridad es destructiva y se sustenta en la mentira, hipocresía y arrogancia.

Después de algunos años pude entender perfectamente la cita de José Saramago en su discurso al recibir el premio nobel de literatura cuando dijo: “El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir”.

***********************

Otros Artículos