Machupicchu Maravilla del Mundo sin Legado

Por Leandro Rodríguez


El presente artículo no pretende ilustrar en detalle lo ocurrido con Machupicchu. El objetivo es llamar la atención sobre la influencia cultural que se produjo en la colonia, la cual persiste en la actualidad donde todo lo foráneo es bueno.

Es importante que la juventud conozca su pasado, por más crudo que sea. Es importante acabar con nuestros mitos. Sincerar al país -para de esa manera-, crear incipientemente condiciones para un desarrollo con futuro.

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Nos enorgullece el hecho de que un patrimonio nuestro haya sido elegido una maravilla del mundo. Sin embargo, muy pocos conocen la historia real del descubrimiento de Machupicchu.

Conocer la verdad que no está difundida, es muy importante porque, la misma refleja -de alguna manera-, las consecuencias de la inserción del Tahuantinsuyo en la colonia. Es por ello que desde entonces se determinó, bajo contadas excepciones, el cese de tecnologías propias.

Todo elemento de conocimiento empezó a importarse con una actitud siempre dependiente, lo que ha generado a través de los años, un país meramente copista o calcador, donde el imitar servilmente (copiar y pegar), se ha vuelto una “norma” hasta la actualidad.

Hace algunos años, realicé una asesoría en la Biblioteca Nacional del Perú. A raíz de esa actividad, la directora de ese entonces tuvo la amabilidad de regalarme el libro de Estuardo Núñez “ Antología de Viajeros” 1. Dentro de esta obra, encontré un articulo escrito por el mismo Hiram Bingham, donde narraba su hipotético descubrimiento de Machupichu bajo el nombre de “Mi entrada a la tierra de los Incas”. En este artículo, Bingham no tiene reparos en admitir que su presencia en el Perú obedecía a un interés político, ya que afirma su decisión de sacar partido de su posición como delegado oficial de los Estados Unidos de Norteamérica, para penetrar en lo andes centrales y seguir el viejo camino comercial español de Buenos Aires a Lima.

Antes de la llegada de Bingham, otros peruanos ya habían descubierto Machupicchu. Enrique Palma, Gabino Sánchez y Agustín Lizárraga, fueron los primeros en visitar estos restos arqueológicos sobre cuyas piedras dejaron grabados sus nombres un 14 de julio de 1901. No está muy claro el interés que los motivó; pero se conoce que no recibieron apoyo de ninguna autoridad y no existen datos escritos dejados por ellos. Este defecto se mantiene hasta nuestros días en profesionales de toda índole, a diferencia de la versión de Bingham, quien aseveraba que la causa para dichas expediciones era la búsqueda de un tesoro -que se creía-, estaba oculto en las ruinas.

Es conocido, que el mérito del descubrimiento siempre se lo lleva aquél que da el valor al hecho y conocimiento científico. En ese sentido -desde mi perspectiva-. Bingham debiera merecer dicho reconocimiento, si es que no hubiera mutilado nuestro más preciado monumento arqueológico e histórico.

Cuando se habla del derrumbe del imperio Inca y de sus causas, hay una leyenda sobre la conquista del Tahuantinsuyo. La historia en cuestión, narra que los indios sometidos al imperio de los incas, esperaban que el Dios Viracocha arribara a las costas y los liberara de ese dominio. En esta espera aparecieron los conquistadores españoles, quienes fueron confundidos con esa deidad, con las consecuencias que ya se conocen.

Lo curioso es que este síndrome sigue siendo válido en la actualidad, ya que continuamos esperando -tal vez inconcientemente-, un Viracocha para salvarnos. Casi todas nuestras actividades se direccionan a ello; desde proyectos científicos, artísticos, tecnológicos, deportivos, hasta opciones de estudios y estadías para realizar investigaciones.

La fe ciega en Viracocha no permitió a los antiguos peruanos, distinguir a los conquistadores antes de sucumbir ante ellos. El “síndrome Viracocha”2 entonces, manifiesta un condicionamiento similar al creer que todo lo foráneo es bueno. Esto llega a extremos, tal es el caso de fomentar la dependencia tecnológica (que para muchos de nuestros científicos es natural), esforzándose por tomar este tipo de actitudes.

Lo que si está muy claro, es que nadie llegará para salvarnos. Somos nosotros mismos, los que llevaremos las riendas de nuestro destino. Nuestros patrimonios mas valiosos están asociados a Viracochas. Por ejemplo: Antonio Raymondi, Maria Reiche, Alejandro Humboldt, Clements Markham y el nombre que toca el presente articulo, Hiram Bingham.

Es por ello que cuando llega Bingham al Perú, el prefecto de la provincia de Apurímac (un señor de apellido Núñez), le pide que explore las ruinas dándole información extensa. Esto indica que los peruanos de esa zona habían visitado el lugar por muchos años, generando una expectativa sobre su ubicación y de lo que allí se podía encontrar.

Ante la indiferencia de las autoridades lugareñas, este personaje Núñez acude a un 'Viracocha' para que puedan explorar dichas ruinas. Bingham narra cómo recién debido a esta aproximación, se entera de todos los detalles sobre el lugar del cual ni siquiera estaba interesado en descubrir. El afirma: “Mis estudios anteriores de la historia sudamericana se habían limitado en gran parte a la época de la colonia española, las guerras de la independencia y los progresos hechos por las diferentes repúblicas. La arqueología quedaba fuera de mi campo, y sabía muy poco de los incas, excepto por la fascinante historia contada por Prescott en su famosa “Conquista del Perú”. Mis esfuerzos por evadir la visita a las ruinas de Choqquequirau (Hoy Machupicchu) se fundaban en parte en el clima muy inclemente y en parte en la extrema dificultad de llegar hasta el lugar, si no hubiera sido por el prefecto Nuñez y su muy práctico interés, jamás me habría sentido, probablemente, tentado a buscar las ruinas incaicas y a dar así con las dos ciudades que se encontraron sustraídas al conocimiento geográfico durante varios siglos”1

Como podemos ver, de las mismas palabras de Bingham se extrae el hecho de que los peruanos conocían desde hace años el lugar donde se encontraba Machupicchu; tanto así que el alcalde junto con un grupo humano, conformó la expedición que guiaría a Bingham a la zona, por caminos que sólo ellos conocían.

Cuando llegan a las ruinas, Bingham afirma “…no fue una agradable introducción al reconocimiento arqueológico, especialmente para mi, que no tenía experiencia ni conocía mis deberes. Por fortuna tenia conmigo el libro extremadamente útil “Sugerencias a los viajeros”, publicado por la Royal Geographical Society. En uno de sus capítulos descubrí que se debía hacer cuando uno se encuentra frente a un sitio prehistorico: tomar cuidadosamente mediciones, muchas fotografías y describir tan acuciosamente como sea posible los hallazgos. Debido a la lluvia, nuestras fotografías no resultaron buenas, pero tomamos mediciones de todos los edificios e hicimos un tosco plano”1.

A estas alturas, resulta paradójico pensar que hemos atribuído el descubrimiento de Machupicchu a un viajero que, en primer lugar -como el mismo lo indica-, sabía muy poco sobre los Incas y era casi un iletrado en arqueología.

Siempre me pregunté (cuando visité por primera vez Machupicchu), el porqué no había un museo con muestras de lo encontrado en estas impresionantes ruinas. El museo de sitio actual, carece de material arqueológico perteneciente a la zona. De igual manera, el Museo Arqueológico del Cusco no tiene objetos antiguos de Machupicchu; a excepción de fotografías de uno u otro objeto. Una pobreza realmente increíble, para lo majestuoso de Machupicchu, que obviamente tiene una razón de ser.

Cuando hablamos de los Viracochas, entendemos que fueron hombres muy respetables y profesionales excepcionales, que realizaron un gran trabajo desde el punto de vista científico, humano, etc. El síndrome Viracocha, implica que en nuestro país también hemos tenido grandes hombres, de los cuales sólo algunos han sido capaces -por circunstancias del destino-, de ser conocidos por su trabajo. Los demás (debido a este complejo), se quedaron en el anonimato. Obviamente, todo esto soportado en una cultura colonial que nos afecta aún en este tiempo.

Con el apoyo del gobierno de Leguía (que gobernaba al Perú en esos años), Bingham es autorizado para ejecutar los trabajos en Machupicchu. Ello dió inició al saqueo cultural de este patrimonio. Lo increíble, es que se le concede permiso para llevar a Estados Unidos de Norteamérica, todo lo que encuentre durante los trabajos de excavación; con la condición de retornarlos al Perú ante una petición simple. Esta decisión de las autoridades peruanas, muestra una ignorancia total, falta de identidad, etc., la que causó un daño irreparable a la herencia cultural del Perú.

Bingham y su equipo trabajaron durante 5 años, excavando -según se afirma-, prácticamente cada metro cuadrado y hasta el día de hoy no se sabe a ciencia cierta qué encontró.

Un periodista arequipeño de nombre Enrique Portugal (quien vivía en Argentina), denunció en los diarios y revistas de Buenos Aires, el saqueo realizado en Machupicchu. Dijo entonces: “el más peligroso y directo pirata que puso pie en Machupicchu, con ayuda de unos y la ignorancia de otros, saqueando la ciudadela, llevándose riquísimos cargamentos de objetos de oro y obras de arte que hoy se hallan en diversos museos de Estados Unidos y en museos privados...”3

Se generaron entonces, protestas aisladas por la salida del material arqueológico, el cual era despachado en cajones bajo fuerte custodia de norteamericanos encargados por Bigham para su envío. Hubo levantamientos en Puno y Arequipa, que generaron el cese de actividades de Bigham; pero que al mismo tiempo, él se encargó de denunciar ante las autoridades peruanas, para continuar con su proyecto.

En la actualidad el gobierno peruano, ha iniciado una serie de trámites para recuperar -o mejor dicho-, reparar el daño causado en el pasado; esto implica tratar de recuperar nuestro patrimonio. Ciertamente, una actividad muy difícil y quizás imposible de lograr.

Una sociedad fragmentada, desorganizada y sin identidad nacional, no sólo es susceptible de repetir errores, sino de perder el valor de aprender. De nada sirve trabajar en impulsar las relaciones de producción, sistemas de calidad; impulsar los procesos económicos, de circulación de capitales, etc., si al final de todo no se trabaja en cambiar simultáneamente, las estructuras mentales de la sociedad.

Para empezar, debemos ser concientes de nuestros prejuicios, temores y complejos culturales. Todo ello impide nuestro desarrollo, hundiéndonos cada vez más en el subdesarrollo y la miseria.

Lamentablemente no se trabaja en este sentido,

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Referencias

(1) Núñez, Estuardo. Antología de Viajeros VIII. Lima: BNP, 1994. Pg. 113-114.

(2) El Fenómeno Cholotech. En: Revista El Emprendedor. 2006, Pg. 18-21.

(3) http://www.enjoy-machu-picchu.org