Los medios masivos y el control mental

Por Leandro Rodríguez


En varios artículos, he tocado el tema de la prensa y de las tecnologías de la información en relación a la influencia, que ejercen éstas, en la educación y en el manejo de la mente de la población. Leyendo los artículos de Raúl Nakasone, un compatriota nuestro maestro de profesión egresado de la Universidad Enrique Guzmán y Valle que emigró a los Estados Unidos de Norteamérica realizando sus estudios de postgrado en dicho país. Su experiencia en la enseñanza en el Master in Teaching en MIT, en otros programas en Evergreen y en varias universidades. Me pareció muy interesante sus reflexiones en relación a como los medios de comunicación educan. Indica que el paso de la gimnasia memorística que se realiza para retener nombres y fechas en la educación tradicional, hacia la creación de la opinión propia sobre algún aspecto de la vida real es un paso extraordinariamente importante que debe convertirse en un objetivo fundamental del sistema educativo.

Me causó estupor ver como los medios de comunicación trataban el tema de Ciro Castillo, algunos diarios le dedicaron meses a este tema y los programas televisivos semanales hasta más de 20 reportajes en algunos casos. Era una sola noticia que llenaba los titulares. Raúl Nakasone sugiere, en base a esta experiencia, realizar un ejercicio a nivel nacional sobre lo que cada peruano piensa personalmente sobre las personas involucradas en este caso. Debido a que los peruanos han sido inundados diariamente con noticias y detalles sobre esta historia, todo el Perú está "educado" sobre el tema y todo el país puede considerarse como una sola clase para profundizarse en este análisis y pasar por todos los niveles de aprendizaje que señala la Taxonomía de Bloom: información, comprensión, aplicación, análisis, síntesis y evaluación. ¿Cuántas personas se han quedado en el nivel de información solamente? ¿Cuántas han llegado al nivel de análisis? ¿Cuántas han podido elaborar su propia tesis y la pueden defender utilizando solamente la información desplegada públicamente? ¿Cuántas personas pueden juzgar el caso utilizando su propia interpretación de la situación? ¿Con este enorme despliegue de información podría entregarse a la población la responsabilidad de señalar y condenar a alguien a través del voto? ¿No podríamos utilizar este ejemplo para darles a los peruanos una idea más precisa sobre el rol de los medios de comunicación en la decisión final de cada ciudadano?

Así como el caso Ciro, podrían escogerse otros casos, y los mismos clientes del sistema educativo podrían seleccionar su propio caso para investigarlo hasta donde le sea posible para formarse una opinión propia que pueda compartir y defender.

Los medios de comunicación son la herramienta más poderosa usada por la clase dominante para manipular a la población. Da forma y moldea las opiniones y actitudes, y define lo que es normal y aceptable.

Los medios de comunicación son formas de medios diseñados para alcanzar la mayor audiencia posible que incluyen televisión, películas, radio, periódicos, revistas, libros, discos, videojuegos e Internet. Muchos estudios se han realizado en el siglo pasado para medir sus efectos en la población con el fin de descubrir las mejores técnicas para influir en él. De estos estudios surgió la ciencia de la comunicación, que se utiliza en la comercialización, relaciones públicas y la política. La comunicación de masas es un instrumento necesario para asegurar la funcionalidad de una democracia, también es una herramienta necesaria para una dictadura. Todo depende de su uso.

Los medios de comunicación y la propaganda son instrumentos que deben ser utilizados por las élites para gobernar sin la coacción física. Un concepto importante es la “fabricación del consenso”, que es, en definitiva, la manipulación de la opinión pública a aceptar lo que la élite define. Esto parte del criterio de que el público en general no está capacitado para razonar y decidir sobre cuestiones importantes, caso Conga por ejemplo. Por eso es importante para la élite “velar por su propio bien” y después vender esas decisiones a las masas.

La idea también es que una democracia con un gobierno regido por el pueblo no podría sostenerse sin una élite especializada para formar y moldear la opinión pública a través de la propaganda, por ello vemos generaciones de personas y familias dedicadas a la política. Se piensa que es importante considerar “la ignorancia y la estupidez del pueblo” para no sucumbir a los dogmatismos democráticos siendo este grupo dominante los mejores jueces de sus intereses.

Las empresas de comunicaciones han generado una especie de oligarquía de medios de comunicación. Los programas de televisión, la música que escuchamos, las películas que vemos y los periódicos que leemos son producidos de pocas empresas. Los propietarios tienen vínculos estrechos con la élite en muchos sentidos, son la élite. Al ser propietario de todas las posibles salidas que tienen para llegar a las masas, estos “grupos” tienen el poder de crear en la mente del pueblo una sola visión del mundo coherente, generando una “normalización del pensamiento”.

La propaganda que recibimos a diario casi no utiliza argumentos racionales o lógicos. Directamente se nutre de las necesidades más primarias de un ser humano y los instintos con el fin de generar una respuesta emocional e irracional. Si siempre pensaramos racionalmente, probablemente no compraríamos ni el 50% de lo que poseemos. Los bebés y los niños están constantemente en anuncios dirigidos a las mujeres por una razón específica: los estudios han demostrado que las imágenes de los niños disparan en la mujer una necesidad instintiva de alimentar, cuidar y proteger, en última instancia conduce a un sesgo de simpatía hacia el anuncio.

Los intelectuales de esta perversa tendencia han declarado que el pueblo no está en condiciones de decidir su propio destino, que es el objetivo inherente a la democracia. En su lugar, ellos han generado una criptocracia, un gobierno oculto, una clase dirigente a cargo del “rebaño desconcertado”. A medida que estas ideas siguen siendo aplicadas en la sociedad, cada vez es más evidente que una población ignorante no es un obstáculo que los gobernantes junto con la élite, si no son parte de ella, deban solucionar. Es algo que es deseable y de hecho, es necesario para asegurar el liderazgo absoluto. Una población ignorante no sabe sus derechos, no busca una mayor comprensión de cuestiones y no da importancia a su propio gobierno. Simplemente sigue las tendencias. La cultura popular abastece a la ignorancia y la alimenta de forma continua sirviendo de entretenimiento idiotizador y destacando celebridades para ser idolatradas. Mucha gente me pregunta: “¿Hay una manera de detener esto?” Sí, la hay. Dejar de comprar estos medios y leer un libro.

“Si una nación espera ser ignorante y libre, espera lo que nunca fue y nunca será” – Thomas Jefferson

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