Las consecuencias de ignorar el conocimento de nuestros antepasados

Por Leandro Rodríguez


Una de las preguntas que me hice después del desastre del terremoto de 1970, fue por el responsable de todo lo que había ocurrido. Investigando el asunto me enteré que existían reportes muy claros de los peligros que amenazaban la zona, publicados incluso años antes en los periódicos del medio; podemos entender, de esta manera, que casi no se da cuenta de que el histórico subdesarrollo de la Nación, es tan responsable de la destrucción y miseria del Perú en 1970, como la del terremoto en sí mismo.

Por lo tanto, la perspectiva de la investigación y su análisis ha dejado de enfocar exclusivamente los eventos de este tipo, para incluir y dar igual tratamiento a las relaciones humano-ambientales que anteceden el desastre. Pérdidas humanas y materiales se debieron a la enorme vulnerabilidad de la zona (particularmente la zona del Callejón de Huaylas). Pero todo ello debido a casi quinientos años de desestructuración de la sociedad andina, como efecto de la conquista, y a los nuevos patrones de asentamiento impuestos por la Colonia y la República.

Como lo mencioné en otros artículos, hace unos quince años, surgió una perspectiva en las ciencias sociales para estudiar desastres: se los consideró “eventos extremos”. De esa manera se empezó a interpretar los desastres no tanto como el resultado de estudios geofísicos, sino como funciones de un proceso social en marcha; su estructura de relaciones humanas y en el marco más extenso de los procesos históricos que han dado forma a dichos fenómenos. De esta manera, los desastres caracterizan más a una sociedad que a un simple ambiente físico.

Los desastres no ocurren simplemente sino que son causados como consecuencia de algo; muchos fenómenos naturales no llegarían a ser desastres o en todo caso ocasionarían menores daños, si no fuera por las condiciones “normales” que caracterizan al subdesarrollo en el que la población se ha visto obligada a vivir, intentando adaptarse a las condiciones sociales, económicas y los contextos que se encuentran fuera de su control. Por otro lado, esta perspectiva sostiene que dichas condiciones y las fuerzas que las crearon también han desestimado o trastornado las estrategias de adaptación tradicionalmente efectivas desarrolladas a través de una larga experiencia acerca de los peligros que existen en una región.

El comentario que hizo la Primera Dama, me parece de los Estados Unidos, al presenciar la devastación ocasionada por el terremoto de 1970 en el Perú, en el sentido que los Estados Unidos ayudaría a las victimas hasta que “todo se vuelva color de rosa otra vez”, es un ejemplo de la creencia de que el desastre fuese un “evento extremo” y que el retorno a la normalidad solucionaría todos los problemas.

Bajo esta perspectiva, el terremoto de Huaraz podría ser visto como un evento que empezó hace 500 años con la conquista y colonización del Perú y su consecuente inserción como colonia al sistema económico del mundo en desarrollo, lo cual tuvo como resultado el grave subdesarrollo de la región entera.

Los Andes siempre han sido una región del mundo propensa a los desastres. Son producto de la subducción de la placa oceánica de Nazca causado por su movimiento debajo del borde continental de la placa Sud Americana. Los Andes peruanos han sufrido terremotos fuertes por estos procesos geológicos, la costa peruana y la sierra, se caracterizan por una serie de fuerzas naturales y fenómenos con enormes poderes de destrucción cuando se combinan con las poblaciones humanas vulnerables. Ha sido asiento de poblaciones humanas desde hace más de 10,000 años y sede de una cultura de gran complejidad hace por lo menos 4,000 años, la naturaleza de la adaptación cultural humana a estos ambientes complejos e inestables, es un tema muy importante y determinante.

La forma en que la población pre-colombina de los Andes se adaptó a la existencia de estos fenómenos naturales puede dividirse en lo siguiente: el control de múltiples niveles ecológicos; materiales y técnicas de construcción adecuadas al ambiente; preparación; y forma de adaptarse efectiva, permitiendo a la población andina no solamente sobrevivir, sino florecer, con el crecimiento de la población y la complejidad cultural (Erik Antunez de Mayolo, comunicación personal). Existe muy poca información en los registros arqueológicos, los mismos revelan rasgos ambientales de varios impactos de desastres, sin embargo, existe poca evidencia de mortalidad masiva y destrucción causada por desastres imprevistos.

La mayoría de los pueblos, incluso los planificados y construidos por el Inca, eran relativamente pequeños, usualmente para menos de 100 familias que en nada se asemejaban a las concentraciones urbanas europeas. Muchas ciudades, se ubicaron en los valles y conforme crecía la población, particularmente en la costa, surgía la explotación de zonas vulnerables a inundaciones. Sin embargo, en algunos casos, como por ejemplo la región que ahora es Arequipa, que poseía una notable fertilidad y recursos estables de agua, así como alta actividad sísmica y volcánica, casi no existió el desarrollo urbano y aún la población rural era escasa.

Las investigaciones sobre la arquitectura incaica y la planificación de asentamientos no le dan mucha importancia a la adaptación a la actividad sísmica, sin embargo, es evidente que las técnicas y materiales de construcción empleados por la población pre-colombina de los Andes proporcionaban un alto grado de seguridad, particularmente contra daños ocasionados por terremotos. Las esquinas de las paredes de edificaciones incaicas siempre eran cuidadosamente ligadas y escrupulosamente se evitaron las uniones verticales largas (Erik Santiago Antúnez de Mayolo, comunicación personal). En las viviendas construidas de adobe, que junto con la piedra eran considerados materiales de construcción importantes, se usaron filas alternadas de tizones y expansore, una técnica conocida como “ligado inglés”. Algunos investigadores consideraban que la construcción incaica fue técnicamente muy superior a las mejores obras mayas.

El Imperio Incaico es famoso por sus finas construcciones de piedra y sus proezas de ingeniería en la construcción de caminos, puentes y edificios, que han soportado numerosos terremotos fuertes, los rasgos más significativos de los edificios pre-colombinos de los andes son los techos de paja. Todas las construcciones del Perú Pre-colombino tenían techos de paja, evitando así la caída de techos pesados durante los terremotos. Otros posibles rasgos de diseños antisísmicos de la población pre-colombina de los andes, incluyen muros con dobles estructurados con relleno de barro en el centro y las puertas y ventanas en forma trapezoidal. Además, las viviendas domésticas fueron construidas mayormente con piedras del campo y barro o adobe, con paredes delgadas cuya altura era igual a la estatura promedio de un hombre.

El gran mérito de esta cultura fue el reconocimiento del peligro potencial que presentaban los distintos aspectos del medio ambiente y orientaron, de esta manera, la estructura política que eventualmente dominó la totalidad de la región andina. Se construyeron cientos de almacenes, llamados qollqas, en las regiones densamente pobladas. El sistema de redistribución del Estado, basado en esta infraestructura de producción y la elaborada capacidad de almacenamiento de los qollqas, excluyó la posibilidad de una carencia a largo plazo ocasionada por desastres naturales.

Hay gran evidencia que la región sufrió constantes impactos de fenómenos naturales y la cultura andina respondió tanto material como ideológicamente a dichas condiciones.

La llegada de los españoles durante la tercera década del siglo XVI fue calificada como el final de una época. La naturaleza destructiva de la conquista está bien documentada. Para la población andina, la conquista no sólo significó el final del imperio inca, sino la destrucción de los sistemas de adaptación a su ambiente. La población estimada del Imperio Incaico antes de la conquista varía entre los 15 millones a 9 millones de habitantes para toda la región, se calcula que durante los primeros cincuenta años de la conquista, la población fue reducida a un millón, y durante los cincuenta años siguientes a apenas 600 mil habitantes, o sea una caída de 98% en todo el siglo. A pesar de que la mayor parte de este colapso demográfico se debe a la vulnerabilidad de los indígenas a las enfermedades europeas, la despiadada explotación de la población por los españoles en su búsqueda de riquezas, también eliminó a millones. Los intentos españoles de controlar y explotar la masiva población que cayó bajo su poder, inició un proceso cuyas formas y efectos se siguen reproduciendo hasta hoy en día. Muchos de estos intentos para controlar a la población arruinaron las estrategias indígenas para adaptarse a los ambientes peligrosos, es decir lo que permitió a la gran población sobrevivir en un ambiente sumamente peligroso con niveles de prosperidad que superaron o se compararon muy favorablemente con Europa durante la misma época.

Los españoles no sólo ignoraban sino que desestimaban los conocimientos andinos sobre territorialidad y modelos de asentamiento. Al decidir la ubicación de poblaciones, los españoles ignoraron la experiencia sobre peligros en el ambiente andino, ubicando frecuentemente a sus pueblos en los puntos de confluencia de los ríos donde eran vulnerables a inundaciones y huaicos. El caso más asombroso, fue el asentamiento en la ciudad de Arequipa en 1540. Arequipa goza de tierras fértiles y suficientes recursos de agua gracias a las precipitaciones y al río Chili. Evidentemente, a los fundadores de la ciudad no se les ocurrió cuestionar la razón por la cual una zona propicia se encontraba tan escasamente poblada. Lo que no sabían era que las montañas cercanas cubiertas de nieve no solo se encontraban en una de las zonas con mayor actividad sísmica de los Andes, sino que muchas de ellas eran también volcanes activos. La ciudad de Arequipa fue total o parcialmente destruida por cuatro terremotos y una erupción volcánica, solamente en el siglo XVII.

A diferencia de los pueblos Incas donde las casas eran espaciadas a lo largo de los caminos bien utilizados, el diseño español favoreció el modelo tradicional de calles perpendiculares organizadas alrededor de una plaza de armas. La tendencia era construir calles angostas y casas adjuntas o muy cercanas. Muchas de las viviendas en estos pueblos españoles tenían un segundo piso como depósito, cosa que no se tenía durante el Incanato.

Se continuó utilizando los materiales de construcción de la época precolombina (adobe, piedra y paja) aparecieron algunos cambios de materiales que resultaron ser peligrosos. Evidentemente, el cambio más peligroso que se adoptó gradualmente comprendió el techo de tejas de cerámica. También fueron abandonadas técnicas de construcción como la unión de muros que consistía en amarrar las esquinas, con lo cual permitió la construcción de viviendas muy vulnerables a los sismos. Las viviendas con muros construidos de ladrillos de adobe y no amarrados en las esquinas, que frecuentemente consistían de dos pisos y techados con tejas de cerámica sumamente pesadas, se convirtieron en trampas mortales durante un terremoto.

Los cambios en los modelos urbanos aumentaron grandemente el peligro de las viviendas para sus habitantes. Los pueblos más densamente organizados por los españoles, con sus calles angostas y perpendiculares alineadas con viviendas de adobe de uno y dos pisos y techos de cerámica, crearon una situación sumamente peligrosa y vulnerable en una región sísmicamente activa. Calles angostas, muros no amarrados, techos pesados y terremotos, eran una combinación mortal.

En consecuencia, la sociedad que enfrentó el tremendo sismo que ocurrió en la tarde del 31 de mayo de 1970, en cierto modo ya representaba una catástrofe, un sistema político históricamente inestable en el que el poder se alterna entre grupos selectos de la costa “elegidos” y los golpes militares, el Perú fue y sigue siendo un país en condiciones de desastre.

De esta manera, el peor desastre “natural” en la historia del hemisferio occidental, como se reconoce al terremoto del 31 de mayo de 1970, sólo ha podido suceder en el Perú o en una nación que sufría condiciones previamente similares. El terremoto afectó una zona de aproximadamente 83,000 Km2, o sea una zona más grande que la de Bélgica y Holanda. Ocasionó la muerte de unos 70,000 habitantes, hiriendo a otras 140,000 personas y causando daños y destrozos a más de 160,000 construcciones, más o menos el 80% de las estructuras de la zona. Más de 500,000 personas quedaron sin vivienda y las vidas de otros tres millones de personas se vieron afectadas. Las pérdidas económicas sobrepasaron los quinientos mil millones de dólares. Ciento cincuenta y dos ciudades provinciales y pueblos y más de 1,500 zonas rurales sufrieron varios daños y destrucción. También fueron seriamente afectadas miles de viviendas, industrias, edificios públicos, carreteras, ferrocarriles, puentes y colegios, así como los servicios de electricidad, agua, sanidad y comunicaciones. En sólo cuarenta y cinco segundos, el terremoto arrasó con la frágil infraestructura material de esta enorme región.

Las altas tasas de mortalidad en el Callejón, y en cierta medida en otros lugares de la zona impactada, se debieron mayormente a tres grandes factores: la ubicación de los pueblos, el planeamiento de los mismos y las técnicas y materiales de construcción. La peor avalancha descendió del nevado más alto del Perú, el Huascarán, de 6,768 m.s.n.m. sobre la capital provincial de Yungay, destruyendo y sepultando tanto a la ciudad como a unos 4,500 de sus 5,000 habitantes.

La combinación del segundo factor –el planeamiento de los pueblos- y el tercero –las técnicas y materiales de construcción- convirtieron a las calles de los pueblos y ciudades en masivas trampas mortales durante un terremoto.

El sistema de salud en el Callejón antes del desastre mayormente era accesible sólo a clases medias y selectas de las zonas urbanas y, aun así, no era adecuado para tratar cualquier enfermedad fuera de los malestares rutinarios. Aunque todos los pueblos grandes contaban con un hospital, estos se encontraban mal equipados y mal mantenidos. Todos los hospitales fueron declarados inoperables después del terremoto y al final incluso para casos de emergencia, siendo así que las preocupaciones de largo plazo como las epidemias, tuvieron que cubrirse con recursos externos.

Los embotellamientos de la ayuda externa que se crearon en Lima fueron el primer síntoma del problema que caracteriza a las sociedades dominadas por una ciudad principal a través de la cual fluyen hacia afuera todos los bienes. No sólo tuvo que pasar por Lima la ayuda del interior para la zona del desastre, sino que todas las decisiones acerca de la región afectada se tomaron a nivel de una organización ministerial creada para este propósito y ubicada en Lima. El hecho de que el principal organismo encargado de la mitigación y reconstrucción estaba ubicado completamente alejado de la zona del desastre resultó en un diseño burocrático y una desconcertante división de responsabilidades de acuerdo al tipo de ayuda y la esfera de responsabilidad, trastornando seriamente la entrega. El resultado de esta elaborada estructura burocrática fue tal que hasta el presidente tuvo que admitir durante una visita a la zona del desastre un año más tarde, que “virtualmente no se había hecho nada” para los sobrevivientes.

Finalmente, podemos concluir que una gran parte de la devastación y miseria causada por el terremoto del 31 de mayo de 1970 en el Perú, fue el producto de los procesos históricos iniciados durante el tiempo de la conquista. Dichos procesos finalmente trastornaron las generalmente efectivas formas de adaptarse a los peligros ambientales diseñadas por las poblaciones y culturas andinas a través de los 10,000 años de residencia humana en la región. Por lo tanto, la acentuada vulnerabilidad demostrada por la región hasta el día de hoy, es un fenómeno creado socialmente, un producto histórico producido por fuerzas identificables. Además, aunque las formas de adaptación desarrolladas por la gente andina han sido alteradas, la posibilidad de que puedan convertirse en modelos para reducir la vulnerabilidad hacia los desastres y tomar medidas para la mitigación de desastres en el futuro, no debe ser descartada. Tal como se ha descrito en este artículo sobre los peligros de desastre que existen en los Andes, las culturas del antiguo Perú desarrollaron un valioso conocimiento sobre dichos peligros, conocimiento que mayormente fue destruido por el colonialismo, pero que sin embargo, con una investigación cuidadosa y la combinación de la experiencia técnica actual, podría contribuir a reducir la vulnerabilidad y la destrucción en las naciones en desarrollo como el Perú.

 

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