La importancia de conocer la realidad

Por Leandro Rodríguez


“Vivimos en el seno de una sociedad que depende en forma profunda de la ciencia y la tecnología y en la que nadie sabe nada acerca de estas materias. Esto constituye una fórmula segura de desastre.” Carl Sagan

Este pensamiento traduce lo que ocurre en nuestro medio y de manera fehaciente observamos cada día como inconscientemente usamos muchos productos generados por la ciencia y la tecnología, sin embargo, éstas pasan desapercibidas por la población, incluso las personas que se encargan de las instituciones científicas no saben a fondo lo que es verdaderamente la ciencia.

Ningún organismo vivo puede sobrevivir si no conoce el medio ambiente donde vive ya que no podría interpretar eficientemente la realidad de su hábitat. Si una bacteria no interpreta adecuadamente a un organismo que se encuentra vulnerable a adquirir una enfermedad, se extinguiría, no entraría a un medio donde no le es propicio para que pueda sobrevivir. De manera que en este caso la interpretación se da en forma natural e instintiva. Desde que aparece la vida en el planeta la manera de funcionar de los seres vivos ha sido condicionada y en armónia con su entorno, aunque en muchos casos la selección natural ha hecho que prevalezcan unos sobre otros.

La conciencia aparece recién con el Homo Sapiens cuando empieza a desarrollar la capacidad de percatarse que habían situaciones de su entorno y cómo éstas se producían; fenómenos como la lluvia los relacionaría a que estaban precedidos por hechos característicos como un cielo nublado y gris. Esta acción poco a poco permitió hacer modelos mentales de la realidad que por su naturaleza tenían que ser dinámicos, es decir, cambiarían en función del tiempo; en el fondo lo que estaba vislumbrando el hombre primitivo eran las causas y efectos para que se generara un futuro cercano. Los seres humanos por excelencia usamos de alguna manera la capacidad de recordar el pasado y de imaginar cómo sería el futuro en base a ello. Algunos denominan a esto la flecha temporal, la capacidad de ver el futuro en base a la evaluación del presente es una medida de las posibilidades de éxito que tendrá un individuo. Cada uno de nosotros hacemos modelos dinámicos de la realidad y luego escogemos la alternativa más adecuada de acuerdo a nuestros razonamientos, de hecho que para ello hay una gran cantidad de variables que no nos detendremos a examinar.

Desde que nos convertimos en Homo Sapiens el ser humano ha tenido una manera de explicarse la realidad, de entender el mecanismo que lo gobierna, explicarlo para poder entenderla. Para nuestros antepasados Incas y Pre incas la experiencia era la única herramienta que poseían, lo valioso de ellos fue que asimilaron a su medio de vida el conocimiento logrado en base a esta experiencia, de repente atribuido solamente a los iniciados que venían a ser los sacerdotes. En la época del oscurantismo medieval era pecado tratar de averiguar los misterios de la naturaleza todo era atribuido a una revelación divina.

Una especie entonces basa su supervivencia en el conocimiento de manera que los modelos a interpretar de la realidad fueron evolucionando hasta llegar a lo que hemos logrado ahora que viene a ser “La Ciencia”.

En este siglo se trata de explicar la realidad como una etapa de un proceso determinado, en la cual la ciencia se convierte en la herramienta más valiosa que el ser humano ha desarrollado para manejarla. El Perú es un país que diríamos casi no tiene ciencia; tiene un aparato productivo muy escaso que no se basa en el conocimiento, no tenemos una visión del mundo que nos permita entender el papel de la ciencia en una sociedad moderna, creemos que la única variable de la realidad es la económica y siempre estamos escuchando a los “genios” de las finanzas. Estamos muy lejos de tener una visión del mundo compatible con el desarrollo científico. Es importante entender que los profesionales que nos dedicamos a la ciencia tenemos una gran responsabilidad, no podemos dejar de educar a la sociedad y especialmente a los que nos gobiernan y a los responsables de las instituciones científicas y técnicas.

Por otro lado, un país no es necesariamente dependiente por el hecho de que no tenga dinero, es dependiente cuando no interpreta de manera adecuada su propia realidad; en nuestro caso no solo no interpretamos adecuadamente la misma sino que incluso somos forzados a autointerpretarnos de acuerdo a como convenga a los que nos dominan.

Todo este planteamiento aunado con las herencias históricas que tenemos, marcados por la conquista y dejándonos taras que perduran hacen que seamos un pueblo dependiente y totalmente desorganizado donde la ley no funciona, los estamentos del estado igual. Se generan medidas utilizando la ingeniería para solucionar ciertos problemas como por ejemplo la regulación del tráfico en Lima y luego vemos que seguimos gastando en horas hombre pensando que con ello mejoramos el servicio (cuando imponemos irracionalmente policías que “alteran” los semáforos inteligentes) y no nos damos cuenta que lo empeoramos. Todos los días observamos manifestaciones de los mecanismos que genera nuestra sociedad y sabemos que es cuestión de tiempo que se generen problemas graves y solo cuando estos ocurren se inician acciones para solucionarlos; anteriormente no se hizo nada en todo el tiempo que los vinimos observando.

Los paradigmas que hemos generado en relación a pensar que importando casi todo solucionaremos nuestros problemas no dan resultado. Alguna vez mencioné en uno de mis artículos lo que era el “síndrome viracocha”: Cuando se habla del derrumbe del imperio Inca y de sus causas, hay una leyenda sobre la conquista del Tahuantinsuyo. La historia en cuestión, narra que los indios sometidos al imperio de los incas, esperaban que el Dios Viracocha arribara a las costas y los liberara de ese dominio. En esta espera aparecieron los conquistadores españoles, quienes fueron confundidos con esa deidad, con las consecuencias que ya se conocen.

Lo curioso es que este síndrome sigue siendo válido en la actualidad, ya que continuamos esperando -tal vez inconscientemente-, un Viracocha para salvarnos. Casi todas nuestras actividades se direccionan a ello; desde proyectos científicos, artísticos, tecnológicos, deportivos, hasta opciones de estudios y estadías para realizar investigaciones.

Si quienes mejor interpretan la realidad japonesa no fueran los japoneses, Japón sería un país subdesarrollado. Por ejemplo, los mejores egiptólogos no son egipcios, sino ingleses, franceses, alemanes. Cuando apareció la gripe A1H1 en México, a pesar de que tenían excelentes científicos virólogos, tuvieron que preguntarle a los canadienses qué cepa de virus de la influenza los estaba afectando. Y también, tuvieron que preguntarle a los suizos qué medicamento deberían tomar (Tamiflú).

El carecer de ciencia y tecnología, en un mundo donde ya casi no hay nada que se pueda hacer sin ellas, este hecho se muestra invisible para nuestra comunidad incluyendo los propios científicos. Al ver como se plantean las propuestas actuales para impulsar la ciencia considero que si la tuviéramos no sabríamos que hacer con ella. Ahora hablamos de apoyar la ciencia en el entendido que los responsables políticos tienen que hacerlo, sin embargo, ellos no saben para que sirve en el sentido pragmático conducente hacia la solución de problemas álgidos que nos acontecen, simplemente por un enfoque basado en el desconocimiento de nuestra realidad. Si se mantienen las cosas como hasta ahora, el Perú será investigado, identificado, descubierto e inventado por extranjeros “Viracochas”. Nuestra responsabilidad es promover una cultura compatible con la ciencia. Vivimos una especie de contaminación del conocimiento que nadie la estudia, algo similar a lo que ocurrió en la edad media en que la gente moría de peste pero no tenía la menor idea de que era una enfermedad.

En la edad de piedra la población de todo el mundo era menor de lo que tiene ahora Lima, si en la actualidad desapareciera la ciencia con todo lo que ha producido junto con la tecnología en pocos días moriría el 80% de la humanidad.

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