¿Hacia donde vamos?

Por Leandro Rodriguez


Hace sólo algunos años admirábamos las invenciones que nos traía la tecnología; incluso pensábamos lo útil que sería tener uno de esos adelantos en nuestras manos para mejorar nuestras vidas. Recuerdo que cuando era niño, en mi pueblo no había televisión; cada vez que veníamos a Lima de vacaciones nos quedábamos maravillados de ver la televisión, de observar un Jirón de la Unión lleno de gente, de vendedores ambulantes que vendían chucherías que nuestros padres nos compraban y guardábamos con tanto cuidado. Subir al tranvía o a los omnibuses era una cosa de gran atractivo. En el año de 1970 fue la primera vez que se transmitiría un mundial de fútbol en directo; muchos de nuestros paisanos vinieron a Lima a ver el partido inaugural y gracias a ello se salvaron de morir en el terremoto que azotó la ciudad de Huaraz dicho año.

Cuando ingresamos a la universidad se usaban todavía las famosas reglas de cálculo; y se consultaban los manuales de tablas de logaritmos y otros valores para trabajar en los cursos de matemáticas. Tener una calculadora de mano todavía era un lujo imposible de obtener porque costaba muchísimo dinero a pesar de que sólo hacía las cuatro operaciones fundamentales. Igualmente no había televisión a color todo era en blanco y negro. Veíamos al Super Agente 86 con su zapatófono que era un "teléfono portátil", obviamente estábamos hablando de ciencia ficción. Aprendimos los lenguajes de programación y a programar en máquinas enormes que cabían dentro de un cuarto entero; la interacción con las mismas era toda una cuestión de Estado. En ese mundo vivíamos, pero curiosamente ese mundo nos permitía hacer cosas interesantes y buenas, por ejemplo: se leía mucho más, se utilizaba la televisión de una manera más humana y productiva y los valores todavía se respetaban; es más, en muchos programas se generaban estímulos para que se estudie matemática, lenguaje, arte, etc. Había más tiempo para estar con la familia y se compartía más con los amigos. En Lima casi todos los muchachos contemporáneos conmigo que vivían en la cuadra donde estaba mi casa eran universitarios, era algo natural estar en esa situación. Nos reuníamos a conversar sobre nuestros estudios, sobre la música o sobre el deporte y también sobre otros asuntos propios de nuestra edad, sin embargo todos a pesar que teníamos menos de 20 años estábamos seguros de lo que queríamos ser en la vida, es más, estábamos encaminados, esto era muy generalizado en nuestro medio. Transportarnos en ómnibus era cómodo y seguro, todos los transportistas respetaban los paraderos religiosamente y era absurdo pensar que se pararía en cualquier esquina. Recuerdo que dejábamos mi casa sola, a veces semanas cuando viajaba con mi madre y no ocurría nada, es decir nadie la robaba, igual con el auto. Ir al estadio era un placer, alentábamos a nuestros equipos y todo quedaba allí, nunca pensábamos en romperle la cara a nadie ni destrozar un auto o una casa, tampoco entendimos el fútbol como una cuestión de guerra sino como un deporte de gran pasión.

Ese fue el mundo que me dejo mi padre y que mis coetáneos empezamos a manejar, muchos de ellos actuales políticos y gobernantes.

Han transcurrido más de 35 años desde esa época y me pregunto ¿que hemos hecho con este país? ¿cuál es el resultado de nuestro trabajo?. Vemos con admiración y asombro como ha avanzado la tecnología en todos los campos y la pregunta sería ¿para que?. Ahora el zapatófono del super agente 86 es una realidad y cualquiera de nosotros tiene uno en el bolsillo; a veces para usarlo en estupideces, a veces para jugar, tomar fotos o hablar a cualquier hora con los amigos o amigas ante la alternativa de no hacer nada. Por otro extremo, ya no hay paz en la vida de los hombres de responsabilidad; en pleno almuerzo suena el zapatofono, se deja de comer y hay que hablar, se está descansando en cualquier lugar y suena el zapatofono para resolver problemas o para recibir un problema que nos hace sentir muy mal. Se maneja el auto y no se puede esperar a llegar hay que atender el zapatofono. Que extraño entonces, la tecnología en vez de ser una herramienta de ayuda y de mejorar nuestra calidad de vida, lo que ha hecho es deteriorarla. Uno llega a su casa y prende la televisión obviamente con pantalla LCD a color y con una resolución extraordinaria ¿para ver que? a una mujer que del chisme hace una mercancía, de la cizaña hace lo mismo y tristemente darme cuenta de que todo lo que me enseñaron mis padres que era malo ahora se vende sin problemas a horas en que toda la juventud accesa a la información. Los noticieros se han convertido en programas espectaculares en donde es cotidiano ver violaciones, accidentes, suicidios, robos, corrupción y casi nada positivo; quién vende más basura es más visto. Los grandes periodistas viven de los desechos que produce una sociedad enferma, no interesa destrozar vidas, no interesa ver si lo que emiten es verdad o no, simplemente es necesario ganar dinero y vender lo que sea para continuar.

Ahora tenemos al mundo en nuestras manos, podemos tener acceso a seres humanos de cualquier parte del orbe para conversar o intercambiar conocimientos, pero la mayoría de las veces es para satisfacer los más bajos instintos que existen dentro de nosotros o para satisfacer nuestras aberraciones, o simplemente para vivir sin límites ante lo que antes era restringido; ese mundo es el que ahora lo llamamos libre. ¿Para que tenemos en nuestras casas internet?, para qué nuestros hijos chateen estupideces, para que naveguen y no aprendan nada de nada, para que jueguen todo el tiempo y día a día estén buscando en sus bolsillos una razón para vivir.

Actualmente podemos hacer una tomografía o una resonancia magnética del cerebro o de cualquier otra parte del cuerpo; sin embargo no hemos sido capaces de que la esperanza de vida haya crecido; por el contrario vivimos menos que antes y menos aún hemos podido resolver los problemas de salud de nuestro país, ahora podemos tener mucha información para cuidarnos de todo; de la alimentación, del medio ambiente y por otro lado nos destrozamos la vida día a día con los procesos que actualmente implican los trabajos para poder sobrevivir. ¿Que hemos hecho mal? ¿porque hemos llegado a este punto?.

Creo que algo que nos faltó en nuestra educación fue aprender a aprender y también a asumir las responsabilidades para tomar las riendas de nuestro destino asumiendo cargos de manejo político. Dejamos esto a los más incapaces en su mayoría que desgraciadamente tenían más inteligencia que nosotros para hablar en público, no tenían vergüenza de decir barbaridades o de estrechar innumerables manos. A esa gente la miramos de lejos, dentro de nuestra cripta en donde encontrábamos todo lo que necesitábamos para vivir; no tuvimos la visión de entender que no podíamos quedarnos allí que debíamos salir y no dejar que esa gente tome las riendas. Que triste fue después comprobar que esos incapaces eran los que tomaban las decisiones para que un proyecto u otro sea factible de una institución donde trabajábamos, o simplemente saber ya que eran parte del gobierno.

Pienso con tristeza que nuestra generación es una generación perdida, hemos creado un mundo de doble moral, actuamos informalmente y sin embargo tratamos de educar a nuestros hijos en la formalidad. Vivimos yendo al médico frecuentemente para tratar que nos alivie de las afecciones propias de nuestra vida y sin embargo no cambiamos la misma, seguimos pensando que el sólo tomar medicinas hará que nos aliviemos y seguimos viviendo en la tensión y angustia de cada día. La familia es un accesorio en donde dar dinero es el paradigma, ya no importa que nuestros hijos aprendan nada de nosotros, es más, cuando descansamos y tenemos la oportunidad de compartir con ellos, contratamos empleadas para que se encarguen de su cuidado mientras nosotros seguimos atendiendo al celular o a otros intereses "mas importantes".

Pienso que ha llegado el momento de sincerarnos con nosotros mismos en primer lugar y luego con nuestro entorno; primero intentar hacer una auditoría de nuestro tiempo, ver si realmente necesito invertir tanto tiempo en lo que vengo haciendo a diario, analizar si mis procesos son adecuados, lo mismo que mis recursos humanos y tecnológicos y reflexionar si tengo la cultura necesaria para justamente utilizar la tecnología de manera inteligente para que pueda hacer lo que tengo que hacer a diario y a la vez tener una vida personal digna y de compromiso con mis semejantes y sobre todo con mi familia. Hay que tener el valor de romper los esquemas estereotipados en que vivimos y tratar de actuar utilizando nuevos paradigmas que partan de usar el sentido común más que los libros y recetas que generan los institutos e instituciones que descansan sobre un mundo cuyo esquema es muy cruel. Ver si contamos con el material humano adecuado que colabore con nosotros para mejorar los procedimientos. Asimismo es tiempo de asumir las responsabilidades que nos competen para participar directamente en la vida política de nuestro país.

Nos preocupamos muchas veces de generar procesos y soluciones de proyectos que sean sustentables y sin embargo no reflexionamos que la vida que tenemos no es sustentable, es decir estamos dejándonos a nosotros mismos una carga muy fuerte para el futuro si es que sobrevivimos o de otro modo esa carga la asumirán nuestras familias.

Hace algunos meses estuve por Europa específicamente en Suiza, Alemania, Austria y España, es curioso pero la calidad que vida que se ve en estos países, obviamente con matices de acuerdo al país donde uno se encuentre, no descansa sobre la infraestructura que tienen sino sobre el ser humano; todo apunta ha proteger la vida a que exista un ambiente de protección del entorno para que se pueda vivir mejor, no en vano la esperanza de vida es tan elevada. Esa sensación de respeto y de paz que se siente cuando se está en esas sociedades es el cambio crucial que ocurre y se aprecia de inmediato. He tenido la oportunidad de estar en algunas instituciones de gran productividad científica que en algunos casos son fuente de cambios e innovaciones tecnológicas como por ejemplo el CERN de Ginebra en Suiza y el ICTP de Trieste en Italia, en estos lugares uno no puede imaginarse en la paz y libertad con que se trabaja, y curiosamente se trabaja mucho más que en nuestro país. Se respeta religiosamente los horarios del almuerzo los días y horas dedicadas a eventos culturales o sociales. Hay libertad de tomar las vacaciones con flexibilidad y la organización de las actividades se cumple sin problemas. Esto ocurre y funciona obviamente porque la sociedad está totalmente formalizada, el derecho funciona y la cultura ha formado a un ser humano que se puede confiar porque ese ser humano ha sido cultivado en valores que sustentan su acción frente a la sociedad en que vive.

Hay mucho por hacer en nuestro país, no podemos pensar que solamente haciendo muy bien nuestro trabajo podremos contribuir con la mejora de nuestra sociedad, tenemos que educar, tenemos que escribir, tenemos que enseñar, tenemos que participar. Todo ello nos hará mas complejos y completos y nos creará también nuevos problemas, los cambios no vendrán de la noche a la mañana pero con lo que nos queda de tiempo habremos tal vez sentado las bases para después de algunas décadas esta sociedad pueda decir que por fin se encuentra en el camino correcto del desarrollo y tendremos la satisfacción de que el mundo que vendrá ya no para nuestros hijos sino para los de mas adelante será mejor que el que tenemos.