Unión de esfuerzos, Utopía en el Perú

Por Leandro Rodríguez


Desde hace casi un año pertenezco a un grupo de la red social Facebook, formado exclusivamente para compartir vivencias de mi pueblo y para confraternizar. A raíz del planteamiento de ideas que generaron discrepancias se formó, paralelamente a éste, otro grupo por la misma gente que pertenecía al grupo inicial, buscando el mismo fin. Incluso se están planificando actividades (varios viven en el extranjero) de reencuentro por fiestas patrias que coinciden en las mismas fechas, lo cual demuestra una situación de rivalidad que está fuera de lugar. Siempre que me he encontrado fuera del país existen organizaciones de peruanos que realizan las mismas actividades con rivalidades de por medio. El presente artículo pretende generar una reflexión del porqué se da este hecho.

Uno de los problemas más graves de nuestra sociedad es que somos muy conflictivos. No toleramos críticas, ni discrepancias, esto se observa hasta en los grupos cuyo fin es solo confraternizar como el que he mencionado. La mayoría de las veces se termina disgregando el grupo, y con rivalidades encontradas, esto precisamente es lo más grave. La tendencia hacia la rivalidad constituye, al parecer, la herencia que tenemos de las tribus indias, de la gitanería española y de los grupos hermanados de los africanos. Existe una enfermiza tendencia al antagonismo.

Observando las regiones de nuestro país, advertimos una herencia antigua. Los hombres de la época del incario menospreciaban a los de la costa viéndolos como ociosos y flojos para la guerra. Los Incas llamaban a los de la costa “perros”. Sin embargo aquellos hombres que crearon el imperio menospreciaban también a los de las punas, los llamaban chuntus. Igualmente despreciaban a los selváticos calificándolos de gente atrasada. Estas convicciones se pueden ver en innumerables referencias y fuentes de información.

La conquista agravó estas oposiciones. La palabra serrano, que es muy respetada en otros países (soy testigo de excepción de esto), se ha convertido en un insulto tanto en la costa como en la selva. Curiosamente los “serranos” eran la mayoría del país, algo que muestra lo irracional de la afirmación.

Cuando se propuso la regionalización del país nadie quería estar con nadie. El caso extremo fue el del departamento de Arequipa, rechazado por todos sus vecinos. De igual forma la absurda situación de Lima y el Callao que constituye un solo bloque urbano, se niegan a integrarse como una región única. Para todo orden de asuntos antagonizaban, tampoco funcionó la Región Grau por conflictos entre Piura y Tumbes.

Poco nos hemos ocupado del problema de las rivalidades entre pueblos y ciudades, con rencillas absurdas de existencia ancestral, lamentablemente vigentes. Recuerdo como aparecían estas rencillas cuando por ejemplo jugaban los principales equipos de futbol de Yungay y Huaraz, los unos gritaban de serranos a los otros. Las riñas pasan e influyen en las conciencias de las clases medias que son burocráticas y temen perder su status con posibles desplazamientos y cambios de límites que podrían darse.

En la realidad no hay regiones en el país. Las tensiones manifiestas con violencia entre Iquitos y Pucallpa, Huancayo y Jauja, Juliaca y Puno, Cuzco y Sicuani, Piura y Tumbes entre otras así lo muestran.

Algunos cambios que se pueden observar, por ejemplo, cuando llegamos a Huancayo vemos un cartel que anuncia que llegamos a la nación Huanca mostrando un regionalismo indigenista. El Cuzco siempre se llamará la ciudad imperial mostrando su regionalismo incaico. En Puno hay dos tendencias: Aymara y Colla. En Chiclayo se observa en una revista universitaria “Identidad Norteña”. En Andahuaylas se habla de “Los Chancas” y se exalta la rivalidad con los incas.

En Lima no se percibe ninguna tendencia probablemente por la alienación que se da en la capital que incluye a todos los provincianos, la mayoría con una pobre educación casi iletrados, a ellos les gana el “modernismo” y la prensa estupidizante creando modelos de conducta de los más aberrantes. Por esta razón casi no se trata de observar lo que se esconde detrás de cada denominación regional indígena. Estas denominaciones representan la ventaja de ofrecer una reivindicación de lo indio porque se apela a nombres del pasado del Perú pero ello también contiene un conjunto de elementos coloniales y de la republica.

Finalmente lo más grave no es tal vez la ausencia de unidad, sino la destrucción de todas las formas culturales del Perú. A todos nos viene arrastrando una subcultura que se genera de los peores programas de la televisión, de un pésimo futbol convertido en filosofía. El arte, en especial, ha desparecido de las escuelas y de las universidades lo mismo la educación física que es también cultura y ni que hablar de la ciencia.

Hay muchos que en este país consideran que la cultura es algo secundario, algún pensador sugirió que: “La burguesía es fuerte y opresora porque detenta la cultura. La cultura es uno de los principales instrumentos de dominio. El capital es expropiable violentamente. La cultura no. Y en manos de la burguesía, la cultura es un arma eminentemente política. La cultura es el mayor gendarme del viejo régimen”

En la actualidad en nuestro país predomina la cultura chatarra con la indiferencia del estado.

Concluyo que nuestro proceder es producto de todas estas fuerzas que llevamos como herencia y nos es muy difícil superarlas.

 

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