Sobre la ocurrencia de un sismo de gran magnitud

Por Leandro Rodríguez


Desde hace algún tiempo vengo recibiendo innumerables llamadas telefónicas para preguntarme sobre la ocurrencia de un sismo de grandes proporciones que afectaría Lima. Es interesante observar que, al parecer, dentro de nuestra mente, subconsciente o como quieran llamarle esta todavía la idea de que vivimos en un zona en la cual nunca se dará un fenómeno natural de esta naturaleza o que simplemente no estamos conscientes de las amenazas del medio ambiente en que vivimos.

Es importante entender que el Perú es un país sísmico, han ocurrido terremotos por miles de años y continuarán sucediendo por miles de años más.

Creo a estas alturas es necesario entender que Lima será afectada tarde o temprano de todas maneras por un sismo de grandes proporciones, esto es parte de la dinámica de la tierra. Ahora bien, los estudios científicos que se vienen realizando intentan reducir la ventana de incertidumbre temporal es decir, se intenta vislumbrar si en un periodo de tiempo corto (por ejemplo algunos años) se pueda dar la ocurrencia de un gran terremoto. Como mencioné en un artículo anterior, puse como ejemplo el caso de Chile; las investigaciones realizadas ya habían pronosticado la ocurrencia del sismo en el área, indicando una ventana de tiempo de 3 a 5 años. A pesar de ello el sismo afectó seriamente al país vecino generando perdidas de vida y fallas en los mecanismos de prevención y respuesta.

Al iniciar una de mis conferencias del año pasado indiqué al auditorio que haría una predicción en ese momento. Les dije que todos los que nos encontrábamos allí íbamos a morir, no sabemos cuándo ni cómo pero es un hecho que ocurrirá de todas maneras. Es una verdad absoluta. Luego pregunté que si todos sabíamos que moriríamos tarde o temprano cuantos de los presentes tenían un seguro de vida, levantaron de mano menos del 5 % , luego pregunté, cuántos de los presentes tenían un seguro de salud, en este caso el número fue mayor. Finalmente indagué por un seguro privado de salud, el número se redujo grandemente.

Por inducción podemos afirmar que si ni siquiera tenemos claro lo que pasará con nuestra propia existencia, razón por la cual no tomamos acciones que podrían reducir la vulnerabilidad que tendremos en el futuro, es lógico pensar que en prevención de un desastre natural no podemos vislumbrar ninguna acción. Lo vemos como algo esotérico o de repente en muchos casos como algo que nunca va a suceder y que su existencia obedece a factores desconocidos.

Lo primero que tenemos que hacer para estar tranquilos es saber si la vivienda donde habitamos está preparada para soportar un sismo de gran magnitud; esto tiene que hacerse también en los centros de trabajo, escuela donde estudian nuestros hijos, etc. Es una preocupación que tenemos que tener todos; saber que acciones concretas tenemos que tomar ante la ocurrencia de un sismo en las diferentes situaciones que nos encontremos. Quiero darles un ejemplo: cuando mis hijos eran escolares se trasladaban al colegio en la línea 32 desde Salamanca a la avenida Brasil donde queda el colegio Salesiano. Las acciones que habíamos coordinado eran las siguientes: si el sismo ocurría cuando estaban yendo en el microbús y si el tráfico se detenía, ellos caminarían al colegio o a la casa, según donde se encontraban más cerca, por la misma ruta de la línea 32, de manera que si queríamos encontrarnos tendríamos que ir por dicha ruta. Si el sismo ocurría cuando estaban en el colegio no deberían moverse de allí hasta que llegáramos nosotros o se dé una nueva directiva del mismo colegio. Algo similar hicimos con mi esposa y conmigo mismo. Cada uno de nosotros sabía que hacer si ocurriría un sismo en diferentes circunstancias. Todo esto genera de manera automática mayor seguridad y tranquilidad.

El solo hecho de entender las amenazas que tiene el medio ambiente donde vivimos y en base a ello generar acciones para reducir nuestra vulnerabilidad (entendiendo esta como la incapacidad de respuesta ante la misma amenaza) ya es un avance muy grande. Esa es la única acción objetiva que permitirá reducir fuertemente el riesgo al que estamos expuestos ante este fenómeno natural, al margen de todos los estudios científicos que podamos realizar.

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