Decidir el final con dignidad. Algo personal

Por Leandro Rodriguez


Hace algunos años en mis acostumbradas conversaciones que sostenía con mi madre, tocábamos el tema de la muerte. Algo que ella siempre me indicaba era el hecho de que no le habría gustado terminar sus días en una organización para ancianos y postrada en una cama; hacía énfasis en decirme que no permitiera que eso ocurriera. Por circunstancias de la vida en la actualidad se encuentra en una casa de reposo postrada sin funcionalidades pero con la mente clara y consciente como lo fue siempre. Es la única de todo el albergue que tiene la mente en esa condición todo el resto en mayor o menor grado están fuera de sí. Probablemente su constante actividad de leer todo el tiempo y de escribir fueron de alguna manera estímulos para que hasta estas alturas de su vida su mente esté en perfectas condiciones.

Voy a visitarla todos los días antes del almuerzo y cuando llego aparece una sonrisa en su rostro desfigurado por la sonda que tiene para poder alimentarse y siempre pronuncia unas palabras de saludo preguntándome como estoy. No hay día en que no me indique que quiere descansar, que desea que Dios la recoja, que está cansada de vivir, que alguna vez ya habíamos hablado de este tema y que eso no es vida. Es tal la impotencia que tengo al escuchar estas palabras que no encuentro argumentos para responderle. Desde mi punto de vista ella tiene todo el derecho de descansar, incluso de dejar el curso natural de las cosas. Pero la situación es que tendrá que seguir postrada en una cama con una serie de aditamentos que el sistema médico le impone para darle “confort”, hasta que su energía se acabe. No hay día que no sienta una frustración muy grande de no poder hacer nada para darle más dignidad a su vida. Me vienen a la mente una serie de pensamientos que enfrentan principios y valores en esta encrucijada que me presenta la vida.

Es curioso pero muchos de los ancianos que están en esta institución casi son abandonados por sus familiares, se preocupan de pagar puntualmente la mensualidad y de entregar todo lo que necesita el interno, pero se apartan de ellos visitándolos solo una vez al mes; es increíble como estos ancianos en las situaciones que se encuentran necesitan de ese calor humano que da la familia, de sentir el abrazo de un ser querido, de sentir una caricia o simplemente el escucharlos. Esas actitudes que alimentan el espíritu casi no se ve, a pesar que muchos de ellos tienen varios hijos. Cuando llego, saludo a los otros internos hablándoles de cosas graciosas y sueltan una sonrisa que me llena el espíritu. A esa hora se encuentran atentos para saludarme y llamarme para que les mencione lo que siempre les digo y que les causa alegría al margen de darles un abrazo.

En uno de los capítulos de la serie Star Trek (viaje a las estrellas) de la cual soy casi fanático se presentó una historia en la que se encontraban en un planeta cuyo sol se estaba muriendo. La nave “Enterprise” intenta ayudarlos en un experimento que había ideado un científico de ese planeta para activar un proceso que evitara la degradación de su sol. Este científico realizó el experimento pero no resultó como lo esperaban. Luego de esto afirmó que lamentablemente ya no tenían el tiempo suficiente. Ello no es entendido por el capitán del Enterprise indicándole que podía volverse a intentar. El científico cumpliría 65 años en unos días y de acuerdo a las tradiciones de su planeta tendría que someterse a “La Resolución”; era una ceremonia donde el terminaría con su existencia. En ese momento se inicia una serie de enfrentamientos en principios y valores; por un lado los de la nave no entienden semejante tradición tildándola incluso de primitiva, sin embargo, los del planeta muestran que a través de siglos de evolución llegaron a entender que ese era el mejor camino para vivir dignamente, encontrando la edad de “La Resolución” en base a lo que vivieron experimentalmente. El científico ante la disyuntiva de ver que su sol podía recuperarse si volvía a intentar el experimento corrigiendo los errores observados pide asilo en la nave. Este hecho indigna a su propia familia, indicándole que era lo más vergonzoso que podrían vivir si rompía esa tradición; al explicar este hecho el científico menciona que lo más bello que había vivido en su vida fue estar en “La Resolución” de sus padres y que para él enfrentarse a ello era lo más natural y hermoso a la vez.

En los países desarrollados de alguna manera se ha podido entender y sobre todo tomar acciones inteligentes y francas ante las circunstancias que genera la vida; intentando despojarse de perjuicios y paradigmas formados a través de generaciones. Se ha logrado dar leyes que permitan ser mas dueños de su destino a los miembros de su sociedad, por ejemplo en Suiza una persona es capaz de firmar un documento donde especifique que si sufre un derrame cerebral no se le resucite o no se trate de regresarlo a la vida porque entiende que la misma sería deplorable. Así mismo Holanda y Bélgica han dado una legislación al respecto. Derrepente es hora de pensar en una legislación considerando la realidad de nuestro país.

Todos moriremos, es una ley, el tema de la muerte es tan imprescindible para comprender el funcionamiento de la vida, la mente y la sociedad, que es muy importante incorporarlo a la visión del mundo. La diversidad de organismos que habitan el planeta es increíblemente exuberante: hay animales que vuelan por los aires tropicales y otros que reptan por las obscuridades del intestino de los cerdos, que viven a decenas de grados bajo cero en los casquetes polares o a temperaturas cercanas a la ebullición del agua en las bocas de fuentes termales, que pesan menos de un miligramo o que desplazan ciento cincuenta toneladas, que atraviesan el Atlántico a nado o pasan su existencia enclaustrados en la grieta de una roca, organismos que tienen savia, hemolinfa o sangre, que observan con ojos una realidad estereoscópica y a colores o que no tienen la menor sensibilidad a la luz, que pueden consumir hidrocarburos de petróleo o que se intoxicarían con ellos, que siguen desde hace cientos de millones de años sin cambiar casi su estructura o que adoptaron la actual hace menos de un siglo, que son hembras o machos, que celebran el Día de las Madres o que las devoran en cuanto nacen, que meditan sobre metafísica o que no tienen siquiera una neurona. Pero, a pesar de esas diferencias tan extremas, todos ellos comparten una única característica y esta es que son mortales y que todos morirán.

En los últimos años, como parte de ese proceso de impulsar el conocimiento, el estudio de la muerte por parte de la biología ha cobrado un ímpetu notable y ha comenzado a describir un panorama inusitado, que nadie imaginaba, que tiene profundas implicaciones tanto biológicas como culturales.

El siglo XX, fue el siglo en el que comenzó a desentrañarse la estructura del átomo, o se descubrió el código secreto del genoma. Esos fueron logros trascendentales, pero también estamos seguros de que se habrá de señalar al siglo XX como el siglo de la Muerte. Siempre, la muerte había sido considerada como algo ajeno a la vida, un misterio siniestro cuyo mismísimo nombre se eludía recurriendo a eufemismos ("La Parca", "La Pelona", "La Guadaña", "El Sueño Eterno", "El Más Allá") y hasta se le negaba, pero que de ahí en adelante se comenzaron a entender sus mecanismos y ventajas.

La muerte y el envejecimiento vertebran toda una industria funeraria, una farmacéutica, una cosmética, hacen que corramos, nademos y practiquemos deportes cada mañana para mantenernos jóvenes y sanos; nos hacen seleccionar cuidadosamente los alimentos que tienen fibras no digeribles, vitaminas y elementos esenciales, que contienen poco colesterol; nos hacen adquirir hábitos higiénicos y hasta seleccionar cuidadosamente nuestras ropas y el hábitat en que transcurre nuestra vida. La muerte y el envejecimiento que la precede, son elementos demasiado centrales de la ciencia y la cultura como para que sólo sean abordados por la biología, la psicología y la historia. También se ocupan de ella las artes y quienes seleccionan nuestros mitos religiosos y estrategias bélicas.

Lo nuevo en la actualidad es que la misma medicina es capaz de prolongar la vida humana en condiciones muy poco humanas. En pocos años el mundo tendrá cerca de mil millones de personas con edad superior a los 65 años. ¿Cuántas de estas personas estarán en situación de enfermedad irreversible? ¿Estaremos preparados para una actitud menos pasiva frente a la enfermedad, la decrepitud y la muerte?.

Finalmente, ir en contra de la propia naturaleza significa extender la vida más allá de las limitaciones que condiciona los procesos que permiten nuestra existencia y evolución. No se trata solo de morir dignamente, sino por el contrario, vivir dignamente, una sociedad debe proteger la integridad de los pobladores dándoles la posibilidad de una muerte digna, sin dolor y sin angustia, esto ante todo es un derecho humano. Incluso un derecho animal. Es un derecho de una sociedad que no cree ya que el sufrimiento innecesario tenga ningún sentido. El punto central es el hecho de que cada cual pueda decidir por sí mismo, desde su plena capacidad jurídica o, en su defecto a través de un previo testamento vital, cuando quiere, y cuando no quiere seguir viviendo. El caso es que la sociedad se encuentra ante situaciones radicalmente nuevas, y así va aumentando la conciencia que es inconcebible que nuestra civilización se niegue todavía a proporcionar los medios, precisamente civilizados, para evitar los estados de indignidad y tortura.

"Llorar por la muerte es faltarle el respeto a la vida" (Facundo Cabral).

 

***********************

Otros Artículos