Una experiencia de vida

Por Leandro Rodriguez


Vivimos la vida sin tener conciencia de lo que podría ocurrir en un futuro; pocas veces entendemos que el hombre, a diferencia de los animales, hace su historia conscientemente. Generalmente entramos en un mecanismo de la sociedad donde nos condicionamos a paradigmas que se imponen siguiendo los caminos, que entendemos, son los más adecuados a seguir, incluso hasta en cosas tan básicas como la vida misma, la vivimos sin pensar que si tuviésemos una afección sería cuestión de tiempo cosechar las consecuencias si no tomáramos las medidas de prevención. De igual modo, las acciones que asumimos en nuestro quehacer diario, no están dirigidas a pensar como tenemos que mejorar nuestro entorno para tener las contingencias necesarias si ocurriera lo inesperado. Solo actuamos cuando ya ocurren los hechos y tal vez es entonces demasiado tarde para actuar y dirigir las acciones que cambien la situación creada.

Nuestra educación es inmediatista y así nos movemos en la sociedad, somos generalmente bomberos y estamos constantemente apagando incendios, algo que observamos en todo orden de cosas. La planificación se aprende en casa y en el colegio, en cosas tan básicas como es el quehacer diario y permanentemente pensando cómo mejorar nuestra existencia para hacerla más digna. Esto es lo que adolece nuestra sociedad.

Cuando tuve a mis hijos, ni remotamente pensé lo que serían en la vida, les di una educación estándar siguiendo la tendencia de mi entorno social, tal vez teniendo una visión que aprendí cosechando todas las peripecias que tuve que pasar cuando escogí la profesión que estudié. Digo peripecias porque de alguna manera rompía esquemas. Esa experiencia y lo que alguna vez mi padre me inculcó marcaron la lucidez que tuve en algún momento de apoyar con todo lo que estuvo a mi mano lo que mis hijos escogieron como profesión.

Mi hijo mayor Henry, cuando tenía 6 años empezó a mostrar grandes condiciones para la música, yo aficionado nunca tuve la oportunidad de estudiar pero tocaba guitarra al oído y por imitación aprendí a tocar algunas piezas en el piano y acordeón que por circunstancias de la vida tuve acceso a esos instrumentos, mi esposa también aficionada a la música tocaba la guitarra al oído, de manera que en nuestro hogar siempre estaba presente la música para escucharla y practicarla como diversión. Pero cuando mi hijo mayor empezó con esa afición no tuvimos la sapiensa de tomar conciencia que ello era una muestra de algo grande que tenía innato en él; en otras palabras no le dimos importancia. Cuando cumplió 7 años mi madre me dijo "este chico tiene muchas condiciones para la música, voy a regalarle un pianito de juguete" en ese momento pensé en mí y le indiqué: "que te parece si yo pongo algo adicional y compramos un pequeño órgano" mi madre aceptó. Esa proposición la hacía pensando que tal vez al comprar un organito si a mi hijo no le gustara, yo lo aprovecharía. Y así fue compramos un teclado pequeño de marca CASIO con botones en la mano izquierda que permitían acompañar las melodías dando los ritmos deseados. Copiando lo que alguna vez tocaba en un antiguo piano, empecé sacando algunas melodías, mi hijo se entusiasmó con el regalo y miraba con enorme atención lo que yo hacía con el organito; luego el empezaba a manipularlo. Lo que me llamó la atención fue que desde un primer momento trató al instrumento con un cariño inusitado pero seguí igual, sin darle la menor importancia. Un día llegué a la casa y escuche antes de entrar una de las melodías que yo tocaba pero con una interpretación mejorada, me quedé sorprendido y pensé que derrepente mi esposa estaba tocando o algún amigo que había venido a visitarnos. Cuál sería mi sorpresa cuando entre y observe a mi hijo de 7 años tocar la melodía con movimientos que hacían de alguna manera compenetrarse con el instrumento. Nunca le di clases ni le enseñé a tocar nada simplemente el me observó y fue suficiente para aprender la melodía. Tal era nuestra miopía que lo vimos como algo muy gracioso y curioso. Cuando alguien nos visitaba el salía y tocaba, los amigos lo admiraban y lo veían como algo curioso también; nuestra ignorancia de ver lo que teníamos ante nuestros ojos no nos permitió desde ese momento empezar a preparar el camino para el futuro.

En las siguientes navidades pensé comprarle un órgano más grande como regalo y así lo hice, compré un órgano CASIO de 5 octavas, esto quiere decir que las siete notas musicales se repetían 5 veces en el órgano, el tamaño es entonces más grande (el piano tiene 7 octavas). De igual modo apenas tuvo su regalo le dedicó todo su tiempo como un juguete, pero este ya no tenía los botones en la mano izquierda, de alguna manera su oído lo llevaría imitar ese efecto. Como el nuevo istrumento tenía casi la apariencia de un piano, empecé a tocar algunos valses criollos que había aprendido; él observaba e inmediatamente lo interpretaba.

Cuando mi esposa y yo observamos esto, algo iluminó nuestras mentes y pensamos en ese momento ponerle un profesor de piano, nuestro hijo ya tenía 8 años. Lamentablemente la situación que vivíamos en el país con la crisis que nos llevó el gobierno de turno no nos permitía darnos el lujo de pagar a un profesor además el cobro era en dólares. Hablando con un tío de mi esposa hermano de su padre, y comentando la afición de mi hijo, nos indicó: "porque no buscan al tío Chopin, tu padre y yo hemos sido como hermanos con él, es músico de profesión y pianista"; nunca habíamos visto al tío Chopin. Así es que un fin de semana fuimos a conocerlo con Henry, nos recibió con gran cordialidad y alegría indicándonos que había sido como hermano con mi suegro, incluso habían vivido juntos de estudiantes. En su sala había un piano de cola que mi hijo no le quitaba el ojo. Le informamos sobre la afición de Henry, le conversó un poco y luego le preguntó si quería tocar algo en el piano. Por primera vez en su vida se sentó frente a un piano, era algo pintoresco y emocionante verlo, sus pies no llegaban al suelo, empezó a tocar un vals criollo. El tío lo miraba y sonreía, cuando terminó lo felicito y nos habló: "este niño tiene mucho talento, conviene que postule al Conservatorio". Nosotros le indicamos que nunca había tenido un profesor, era enero y los exámenes eran a fines de febrero, había menos de dos meses para prepararlo. El indicó que lo lleváramos todos los sábados que en el tiempo que quedaba lo prepararía lo que se podría pero que en el ingreso verían el talento, así empezó a conocer las primeras notas en un pentagrama. Se acercaba la fecha y me dirigí a inscribirlo para los exámenes; en la ficha que llené preguntaban que si se tenía el instrumento, por miedo a que lo rechazaran mentí y dije que sí, pero no teníamos piano en esa fecha solo órgano.

El día del examen se presentaron 60 postulantes para 10 vacantes me quedé impresionado por el nivel económico de los postulantes, la mayoría era gente muy pudiente, allí entendí que la cultura también iba de la mano con el dinero. El primer examen fue de oído y ritmo. Mi hijo salió entre los primeros, pero el segundo examen era del instrumento y esa era nuestra preocupación. El día del examen lo vestimos con un polito, zapatillas y blue jean, cuando llegamos al conservatorio, la mayoría de los niños estaban con terno y las niñas con vestido, yo dentro de mi me dije que por mi ignorancia ya lo habían descalificado, me sentí pésimo. El examen era individual frente a un jurado de 4 profesores. Los niños entraban uno a uno y cuando salían le decían a sus padres, "he tocado Fascinación de Tchaikowski", he tocado "el vals No…de Strauss", me sentí peor todavía porque mi hijo ni leía las notas bien todavía. Entonces lo llamaron, entró con un librito en la mano que es lo que el tío le estaba enseñando. Yo miraba por la ventana subido en un pedestal, todo el mundo me miraba sorprendido. El jurado le pregunto su nombre, donde estudiaba, en qué año estaba y sobre el piano, como había empezado a estudiar etc., cuando él respondió el jurado sonrió porque pensó derrepente que mi hijo mentía, el les dijo "he aprendido solo, pero ahora me enseña un tío". Luego le pidieron que se sentara en el piano y que toque lo que sabía, se sentó y les dijo "voy a tocar un vals criollo que se llama Idolatría". Empezó con un ritmo espectacular, movía su cabeza de un lado a otro, el jurado se reía y comentaban, le dijeron "es suficiente, a ver toca otra pieza" el respondió "voy a tocar un vals de Chopin pero es parecido porque lo he sacado al oído" y empezó, parecía otro vals criollo. Luego le dijeron que tocara algo de su libro, solo hizo unas pequeñas escalas y terminó. Yo salí emocionado y a la vez desilusionado al ver al resto de los muchachos, al día siguiente darían los resultados, fuimos con muchos nervios y para nuestra alegría el nombre de Henry Rodríguez estaba en el 5to puesto, entre los 10 mejores y había logrado ingresar. No lo podíamos creer, lo abrazamos tan fuerte entre lágrimas en los ojos.

La primera clase que tuvo nos mandaron llamar del Conservatorio, la profesora que había sido designada para enseñarle nos dijo: "Henry no tiene piano, me ha dicho que su piano se enchufa, si lo han traído acá para que tome la música como un hobby lo han traído a un mal lugar, acá el aprenderá pensando que será un pianista y si luego él decide no serlo no habrá problema, pero no podrá decidir ser pianista a los 16 años, así es que si no pueden comprar un piano alquílenlo, de otra manera no puede seguir estudiando", en esa época sacamos dinero de donde no había y compramos un piano viejo, reconstruido pero que según el tío estaba bien. Ese año obtuvo premio y se volvió una costumbre todos los años consecutivos.

Mi hijo menor Javier tenía 4 años, se paraba sin moverse junto a su hermano, para verlo tocar cuando estudiaba, en las primeras presentaciones miraba los demás instrumentos que se presentaban. Pensamos que él también podría estudiar piano si ya teníamos el instrumento, pero él desde el principio pidió el Violín, nos dijo que en navidad le compráramos uno, a los 6 años intentamos comprar un medio violín por su tamaño, en aquella época era imposible en Lima encontrar una tienda donde pudieran tenerlo. Esa Navidad la paso triste porque no pudimos conseguir el medio violín, nos indicaron que por Comas había un señor de apellido Huamantalla que fabricaba instrumentos, fuimos y contratamos un medio violín para Javier. Luego había que buscar un profesor, cuando al fin tuvo el violín en sus manos pensamos que se aburriría porque a diferencia del piano que las notas están allí sobre las teclas, en el violín es totalmente diferente. Sin embargo seguía, se paraba junto a su hermano y hacía el ademan de tocar. Logramos ponerle de profesor a un estudiante recomendado del conservatorio; que le enseñó durante un año y a los 7 años postuló al conservatorio; ingresó en primer puesto ya nuestra experiencia de vida nos había enseñado lo que teníamos que hacer y al igual que su hermano los premios empezaron a aparecer todos los años.

Luego vinieron los concursos nacionales en los que fueron ganadores, y posteriormente los concursos internacionales donde también fueron ganadores. El estudio de violín o piano en el Conservatorio empieza con lo que se denomina formación artística temprana (FAT), luego en la secundaria se inicia pre conservatorio jóvenes que debe concluir cuando el estudiante termina la secundaria y allí nuevamente se postula al Conservatorio al nivel superior, donde si se logra ingresar se estudia unos 7 años más para graduarse luego de concertista de violín o de piano.

Otra historia es toda la lucha que tuvimos que librar con el colegio, con la familia, los amigos, cuando ellos decidieron seguir con la música como profesión. Solo pensábamos que si alguien había nacido con un talento y hacía lo que le gustaba, nunca dejaría de ser muy bueno en lo que haría y ello a su vez generaría que el dinero como elemento colateral llegara y no nos equivocamos.

También es otra historia los triunfos en el extranjero, los estudios en San Petersburgo Rusia con la crema y nata de la música mundial, los conciertos donde se midieron con Alemanes, Japones, Chinos, Rusos y fueron considerados los mejores estudiantes extranjeros, los éxitos para integrar la orquesta sinfónica mundial juvenil, juntamente con jóvenes de 35 países, el integrar la orquesta de juventudes latinoamericanas, el debut y presentaciones como solistas con la Orquesta Sinfónica Nacional a los 14 años, luego ser concertino de la misma, y en fin un sin número de historias que alguna vez saldrán a la luz, por ahora solo quise compartir con ustedes esta experiencia, para tal vez entender que la vida no es una mercancía, que todos nacemos con un don que si lo descubrimos y lo desarrollamos seremos felices y exitosos. Nuestro mérito fue apoyar contra viento y marea el desarrollo del talento de nuestros hijos, corrernos el riesgo de no hacer caso a todas las advertencias de que no se podía vivir de la música de gente especialmente que no sabía de música y menos de cómo era el mercado. De no forzarlos a que dejaran ese don y se dedicaran a algo más estereotipado. La experiencia nos demostró que estábamos en lo cierto.

Henry Rodríguez

Javier Rodríguez

 

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